La Patagonia del hielo y el fuego. El Calafate y El Chaltén (Argentina)

La Patagonia del hielo y el fuego. El Calafate y El Chaltén (17, 18, 19, 20, 21, 22 de noviembre de 2013)

El avión cubre la larga distancia entre Bariloche y El Calafate, una población de unos veinte mil habitantes que puede ofrecer hasta siete mil plazas de alojamiento. Centro comercial, de servicios y venta de viajes; una ciudad que vive exclusivamente del turismo, con casino –según parece- propiedad, junto con otros inmuebles y terrenos, de la familia del fallecido marido de la presidente de la nación, Cristina. La promoción turística de la zona goza del apoyo gubernamental y durante nuestros días de estancia se jugó un partido de exhibición de tenis entre los números uno y dos mundiales, Rafael Nadal y Djokovich, sobre una pista montada en un barco frente al glaciar Perito Moreno.

El glaciar del Perito Moreno es un espectáculo de la Naturaleza de inusitada belleza. Salimos de El Calafate con un día medio nublado. En el relativamente corto trayecto hasta el glaciar se produce un cambio drástico del paisaje, pasando de una vegetación esteparia dominada por el calafate, arbusto de múltiples aplicaciones, incluida la alimentaria, al bosque patagónico frondoso, húmedo y abundante de notros con su característico color rojo de sus frutos. Todo el recorrido bordeando el gigantesco Lago Argentino deja ver, flotando a la deriva sobre sus aguas, enormes bloques de hielo desprendidos del glaciar. En sus orillas, moldeadas por los hielos, habitan los huanacos y se crían ovejas, vacas y caballos.

La llegada a los pies del glaciar está acompañada por el frío y la lluvia. La vista del Perito Moreno impresiona por sus proporciones, los colores azulados de sus hielos, los sesenta metros de altura en su frente, el sonido profundo de los desprendimientos. La visita a esta exhibición de la Naturaleza envuelta en brumas y lluvia le confiere el encanto de poderlo mirar sin la molestia del reflejo intenso del hielo y cobrando para sí todo el protagonismo ante la mirada del visitante, al que se le ocultan las cumbres nevadas que lo rodean. Hacer fotos sin parar es una tentación irrefrenable; pero es conveniente alejar el ojo de la cámara y dejarse impregnar de la sensación de profundidad del glaciar escuchando el rumor de sus aguas y de las grietas que se abren sobre el lago.

Desde El Calafate, en el viaje hacia El Chaltén, atravesando la estepa y aproximándose hacia las montañas andinas, se hace visible el glaciar Viedma. Aparece como un punto deslumbrante en el extremo del paisaje. Las nubes se arremolinan en las alturas e impiden distinguir cumbres míticas como el Fitz Roy o Chaltén. Después de llegar a la población hay ocasión de ascender al mirador de Los Cóndores; se trata de recorrer una pista empinada durante unos cuarenta y cinco minutos para, desde lo alto, divisar todo el valle con el Río de las Curvas y el río Fitz Roy que confluyen a la salida del pueblo.

El Chaltén es un pueblo joven, fundado en 1985. En realidad nace como consecuencia de un conflicto territorial entre Chile y Argentina que se disputan estos extremos del mundo. Los argentinos decidieron crear esta población para dejar clara su soberanía sobre el territorio, y ofrecieron tierras y ventajas fiscales para los asentamientos. De este modo llegaron gentes relativamente jóvenes, como la dueña del restaurante La Brasería en donde pudimos encontrar una comida casera elaborada con buen gusto y servida con exquisita amabilidad. El destino de las personas jóvenes que llegaron aquí con el deseo de cambiar de vida se enfrenta a un duro trabajo y a la adaptación a un clima tan severo. Pero ellos lo tienen claro y están decididos a quedarse.

La tarde, fuertemente ventosa y con lluvia racheada nos desanima a afrontar una salida hasta una pequeña cascada, El Chorrillo del Salto, a unos cuatro kilómetros del pueblo. El viento y la lluvia continuarán durante la noche y compromete seriamente la intención de visitar el glaciar Viedma con la intención de caminar sobre él.

Pero, de manera casi mágica, todo cambia y el regalo y la sorpresa del día siguiente será la aparición del macizo del Fitz Roy y Cerro Torre envueltos en llamas de tonalidades rojizas del amanecer. Se trata de un espectáculo raro y ocasional que, desafortunadamente, la gran mayoría de visitantes no alcanzará a ver. Contra todo pronóstico amaneció sin nubes y cesó el viento. Durante casi una hora no pudimos despegar los ojos del espectáculo de la montaña mientras iba cambiando de color a medida que el amanecer avanzaba. La sensación primera es de incredulidad ante lo que se deja ver; después, sencillamente, no puedes apartar la vista de esa cumbre mítica.

El día continuó con una navegación sin viento por el lago Viedma y el paseo sobre el hielo del glaciar por un área de su morrena derecha. Mientras nos aproximábamos al glaciar varios témpanos de hielo de grandes proporciones nos ofrecieron buena ocasión de disfrutar de su vista y hacer fotografías. También pudimos presenciar el desprendimiento de algunos bloques de hielo y el vuelo de cóndores sobre la estepa y en las inmediaciones del Fitz Roy.

Al atardecer, las montañas continúan despejadas regalándonos las mejores vistas. Todo fue de aplaudir o de pensar en volver alguna vez para volver a sombrarse.

La jornada siguiente no prometía demasiado para afrontar la caminata hasta el oripié del Fitz Roy. Pero iniciamos la marcha desde la Posada de Pilar, a unos catorce kilómetros y a donde llegamos en una furgoneta por una pista curso arriba del Río de las Vueltas.

El arranque de la caminata, siguiendo curso arriba el Río Blanco, se inicia a las 10:20h. Atravesar bosques y contemplar el glaciar Piedras Blancas es un paseo largo con repechos poco pronunciados. El día irá mejorando a medida que avanzamos y a las 12:10h alcanzamos el punto de ascenso hacia el Fitz Roy, donde se divide el camino hacia la Laguna de los Tres y hacia El Chaltén o bien hacia Laguna Madre y Laguna Hija para, más adelante, llegar a Laguna Torre en una desviación a la derecha o volver por la izquierda a El Chaltén.

Después de comer algo, con un cielo ya despejado y con sol, mirando hacia el imponente macizo del Fitz Roy, parcialmente cubierto de nubes, tomamos la dirección de las lagunas Madre e Hija. La segunda está más elevada que la primera, separadas ambas por la morrena frontal del glaciar al retroceder. Todo el llano del lugar se ve que formó parte del fondo de una laguna o lago mayor del que quedan algunas charcas aisladas. El recorrido, bordeando los lagos, continúa por un bosque espeso y de sombra, descendiendo bruscamente hasta alcanzar el valle siguiente que tiene el sendero hacia Laguna Torre y El Chaltén. Decidimos dirigirnos hacia Laguna Torre para volver sobre nuestros pasos y cubrir los últimos once kilómetros hasta El Chaltén. Cuando alcanzamos el pueblo ya eran la siete y media de la tarde. Un total de más de nueve horas de las que siete y media largas fueron de caminar para cubrir el total de los treinta y un kilómetros totales de la jornada. En los últimos kilómetros nos alcanzó una joven francesa a la que aconsejamos no seguir hasta Laguna Torre dada la hora de la tarde que era y resultó muy interesante intercambiar ideas e informaciones acerca de viajes y lugares, así como opiniones sobre los problemas políticos y económicos de Europa y América.

Cansancio, mucho cansancio. Ducha reparadora, tomar algo ligero y reponer fuerzas. Todo ello en la Hostería El Paraíso, estupendamente ubicada, con buenas habitaciones y excelente desayuno con mazapanes y bollería elaborada por las anfitrionas, Gaby y Virginia, dos jóvenes muy amables y facilitadoras de todo tipo de ayuda.

El ciclo mágico se cierra. Volvemos a El Calafate para volar más al sur de esta Patagonia de hielo y fuego.

González  Alonso

Enlace a las fotografías de: LA PATAGONIA DEL FUEGO Y EL HIELO, EL CALAFATE Y EL CHALTÉN

Category: Lugares
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