A mi abuelo, un señor que…

Mi abuelo, un señor que vestía canas desde que tengo memoria, con la sabiduría de un búho y el corazón de un ángel, un cuentacuentos de portada, que me enseñó a jugar a la brisca y me dejaba ganar al chinchón.

Que me dejaba dormir en su cama con mi abuela tras jugarmelo a una partida de cartas que siempre me dejaba ganar. Que me cantaba canciones de soldados que vivian en tiendas de campaña. Que me contó sus recuerdos de infancia de cómo hacia queso con su madre. Que sobrevivió a la Guerra Civil y al periodo franquista siendo traficante de extraperlo llevando trigo a León desde su pueblito.

Un abuelo que emigró siendo joven a la Catalunya de los burgueses para darle a su familia un futuro mejor. Un abuelo que fue compañero fiel durante 61 años de mi abuela demostrando que el compromiso y el apostar por alguien es posible aunque complicado a ratos. Un señor de León, cabezón solo a su propia altura,  que hubiera hecho cualquier cosa por ayudar a los suyos y ser útil.

Un señor que hasta sus mas de 80 años siguió montando en bicicleta y que en su último día de aliento consiguió sin ya saberlo juntar a toda su familia para recordar cómo era cuando tenía conciencia y poder despedirse. Alguien que amó tanto su tierra, que a pesar de haber vivido toda su vida adulta en Barcelona, quiso dormir para siempre entre campos de trigo y nubes esponjosas en su pueblo, Valdespino Cerón.

Si tu adiós a la vida es con tu mujer, nieta e hija a tu lado, tras una larga y tediosa espera…  Si al irte, se te añora y echa en falta y dejas un vacío. Oye, has hecho las cosas muy bien! Tu vida tuvo todo el sentido que podia tener.

“Todo el mundo necesita tener acceso a abuelos y nietos para ser un ser humano completo”, dijo Margaret Mead. Me considero uno de esos seres humanos. Completa. Mis abuelos decidieron estar presentes, ser ayudadores, paseadores y preparadores de meriendas. Por qué? La razón tiene dos palabras juntas: amor incondicional. El que se profesa a un hijo y a los hijos de tu hijos. Nada mas puro que el hecho de que en el mundo exista una personita que salió de la persona que uno primero creó. Lo natural es querer, amar y cuidar.

Doy gracias por haber tenido a mis abuelos cerca. Los dos juntos han sido una mezcla de risas, historias maravillosas y amor. Moldearon, sin saberlo, a la personita a la que daban galletas y frutos secos, que se ha convertido en quien soy hoy. Su ejemplo de “dar sin esperar a cambio” es una lección de vida que ojalá no se me olvide.

Si tienes un abuelo, visítalo, cómprale chocolate que es malo para su colesterol, cocina galletas que harán que le suba el azúcar, elije una lana para que tu abuela te haga una bufanda y lúcela con orgullo. Ve a dar un paseo con ellos deja que te cuenten historias, cuéntales las tuyas. Envía postales desde dónde estés.

Quien eres hoy es el resultado de tus vivencias. Si tus abuelos tuvieron que ver con ellas, agarra el teléfono y haz una llamada para decir “pensé en ti, cómo va tu día?”.

Photo by Greg Rakozy

 

Category: Viajar
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