ADIÓS 

Decir adiós al lugar que se volvió parte de mi fue triste. Sin embargo, estaba muy contenta porque volvería a ver a mi familia y a mis amigos. Tenía muchas ganas de comer rico y a lo mexicano. Pero al mismo tiempo no quería decirle adiós a las rebanadas de pizza de $1, a los hot dogs y el café.

Aunque estuve 9 meses en New Jersey y New York puedo decir que no fue suficiente. Me faltaron muchísimas cosas por hacer y conocer. Aun así, lo disfruté mucho, me divertí como nunca, aprendí un millón de cosas e hice amistades que jamás olvidaré.



De un momento a otro, llegó el día en el que tenía que despedirme de todo y todos. Era tiempo de decir adiós al mensaje del subway que escuché tantas veces y que aún lo escucho en mi mente: “stand clear of the closing doors”. Comprender que ya no pasaría mis días de cruda en central park, haciendo nada y escuchando la inigualable voz de mi amiga Natalia repitiendo descaradamente una y otra vez “¿Qué hice mal?”. Se acabaron los cafecitos y las crepas, las noches de alitas, los fines de semana en el hostal. No habrá mas horas caminando en la ciudad o manejando el carro queriendo cruzar el puente y cantando a todo pulmón. Qué triste y qué alegría al mismo tiempo. Qué bonito haber vivido cada uno de esos momentos al lado de las mejores personas que me pude encontrar.


Cada que pienso en los momentos que se quedaron más grabados en mi mente llego a la misma conclusión: cuando viajas tienes que borrar todos tus prejuicios, olvidarte de la buena vida, los restaurantes caros y hoteles de lujo. Vives, aprendes y te diviertes más cuando dejas que todo fluya sin darle importancia a las cosas de dinero, sin armar un plan, disfrutando cada momento, las desgracias, las trabas y la falta de dinero.

Mis momentos más felices fueron cuando tenía que comer en la calle (que por cierto es lo más rico), cuando por equivocación tomaba el subway directo en vez del que hace paradas en cada estación. Caminar en la ciudad cargando tu maleta mientras está nevando y hacer de un McDonalds tu recámara, quitarte las botas y secar todo en el baño mientras te tomas un café. No hay nada mejor que no detenerte por un día de lluvia o porque nadie te siguió el rollo.

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Muchas veces lo que no planeas sale mejor, como caminar sin dirección y terminar en flatiron building, encontrar la mejor nieve o el mejor restaurante italiano. Conocer un antro nuevo o personas nuevas. Un sin fin de cosas. Situaciones que te harán pensar “si no lo hubiera hecho, no hubiera obtenido X cosa” en vez de la triste pregunta: “¿qué hubiera pasado si…?”.

Mi último fin de semana fue algo así como no tan planeado. Había pensado en un viaje a Washington DC con Natalia y lo cancelé porque tenía que comprar mi vuelo de regreso a México, pero dos días antes me dijo muy decidida “nos vamos a DC, si la hacemos, no pasa nada” (como dice mi mamá “dios las hace y ellas se juntan”). Fue la mejor decisión que pudimos tomar. Me fui a DC un viernes en la tarde, como mi vuelo salía el martes a las 6:00 am tenía que estar el lunes en NYC con todo y maletas para irme al aeropuerto.

El domingo en la noche me entró la tristeza. Me quedaba un día y tenía que usarlo para regresar a mi casa, tomar el tren y subway, cargando una vida completa y una maleta. Se me salieron las lágrimas. Mi tiempo se había acabado y fue tan rápido que me faltó despedirme de algunas personas. Sentía algo raro en el estómago, náuseas. Llegué a la ciudad, tome un tren, fui por mis cosas a mi casa y fui a la estación del tren de nuevo para regresar a la ciudad e irme al aeropuerto.

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Pero mis amigas no me dejaron irme así nada más. Mariana y Laura pasaron por mi y manejamos hasta Hoboken, el verano estaba comenzando así que comimos en un restaurante en el que podíamos estar en esas mesitas que están en la banqueta. Eran alrededor de las cinco de la tarde. Natalia nos encontró en el restaurante. Justo en el momento en el que estaba atardeciendo caminamos por el “malecón” y del otro lado del río podíamos ver la ciudad, es increíble, me encanta. Pasamos un par de horas en un muelle que es tipo bar. La ciudad, mis amigas, nuevas personas, las estrellas, no pude tener una mejor despedida. Me llevaron a la estación del tren, baje y subí decenas de escalones cargando una maleta que pesaba más que yo y otra que pesaba la mitad. Camine más de diez calles, una mano, la otra, empujando, jalando y después de varios minutos llegue a time square. Eran las 11:00 pm. Tenía que tomar un camión a media cuadra del famoso lugar que dejó de ser atractivo y se convirtió en un dolor de cabeza, así que las últimas veces lo habíamos evitado, pero esa noche me detuve, me senté en mi maleta y platiqué con un par de personas, observé lo que estaba pasando en ese momento, me tome una foto y me fui.

Category: Viajar
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