Ángel en Gredos: tres son multitud

Día 1: el encuentro

Tras un plácido paseo de dos horas en coche hasta las Sierras de Gredos, disfrutamos de un cálido recorrido conversando y tomando mate. Sorprendentemente para mi persona, mis compañeros, un valenciano y un canario, gozaron el amargo sabor del brebaje cultural argentino; acción social que enriqueció más aún el diálogo y que nutrió plenamente el viaje. Pudimos contemplar un cielo azulado totalmente despejado y percibimos que la temperatura era asombrosa, un hecho poco común según los pobladores rurales de la zona; nos sentimos muy afortunados de haber acertado al momento justo.

A orillas del Río Tormes desplegamos nuestra base de campamento, o mejor dicho, nuestro humilde y pequeño refugio. Solo un toldo azul de estrechas dimensiones permitió calzar a tres cuerpos en forma vertical al mejor estilo tetris. Debo admitir que gracias a las limitaciones físicas que nos impuso, dormir por la noche y descansar fue cosa fácil, ya que el propio calor humano de tres sujetos sirvió cual estufa en un hogar.  Aún recuerdo el dolor en la espalda por la madrugada, provocado por una diminuta piedra triangular que hizo presión por más de siete horas.

Cayó la oscuridad, era una noche serena y gélida bajo la espesura; sentados y tomando unas cervezas bajo el bosque su aparición despertó de un sobresalto nuestra atención. Como si de una deidad natural se tratase, con finas alas desplegadas, con vuelo suave y armonioso se acercó a nuestro sitio. Confieso que su presencia provocó un gran susto, tras unos segundos se oyeron dos frases que sirven de evidencia para diferenciar la nacionalización de sus emisores: “Joder tío! ¿Qué es eso?” y una segunda : “¡No boludo! ¿Qué carajo es eso?”. A causa de nuestros bruscos y primitivos movimientos se marchó pero, afortunadamente, luego de un largo tiempo, su figura retornó; esta vez nos quedamos inmóviles en nuestros asientos sin mover un músculo. El ser desconocido sobrevoló nuestros cuerpos de forma misteriosa, su tamaño era descomunal, se acercaba y alejaba una y otra vez; jamás había tenido tal experiencia. Nos miramos fijamente entre los tres con complicidad sin entender lo que sucedía. Inesperadamente, se posó sobre la palma de la mano de uno de mis amigos, el canario, y comenzó a caminar pacíficamente sobre su piel; había algo en esta criatura que no era habitual. Sentímos que su intención era amigable y que su rostro acorazado con antenas y mandíbulas no era una amenaza. Este encuentro fue el origen de una alianza y pacto amistoso entre humanos e insecto; al que bautizamos con el nombre: Ángel.

Día 2: elementos

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