BME2 Club | Rangoon

El mozo del hotel recibió nuestro interrogatorio con agrado. Sacó un mapa de su mochila e hizo dos cruces no demasiado distantes entre sí. Pioneer Club (44 Alan Pya Pagoda Street) destaca por su ambiente extremadamente blanco mientras que BME2 Club (350 Ahlone Road) se caracteriza por una atmósfera, cómo decirlo… más clandestina. 

      |Brian Rodríguez|

• El elevador de entrada esta vigilado por dos hombres. La chica del ascensor pregunta lo que buscas. No hay garantías… ahí dentro estaréis por vuestra cuenta, todo negocio es privado. La banca, en este caso, se retira sin beneficios. Los contrabandistas campaban a sus anchas entre los restos de su antigua patria. El local rezumaba el sudor de la carne morena. Las fulanas se repartían la cuota. Los hombres, bien atendidos, bebían de la misma jarra, esperando su turno, mascando tabaco de palma, tranquilos, hartos de huir de sí mismos. Ya no quedaba nadie erguido en la pista salvo ella. Se mantenía en pie a duras penas. Amenazaba sin ambajes con desplomarse estrepitosamente sobre las mesas de la retaguardia. Le pregunté por una fiesta –qué tipo de fiesta– una de cuatro, sin líos, no sex, just for fun. Negoció con alguien, se desplomó en la barra. La saqué de allí como pude, nos metimos en un taxi sin destino aparente. Dijo algo en su lengua, el taxista cambió de sentido, se adentró en las afueras. Mi interés dejo de ser estrictamente académico, la escasa atracción que sentía por su persona se incrementó desde la resurrección milagrosa. Contenía el aliento mientras desplegaba su jugada. Placer y negocios son indisociables para ella. Disfruta la faceta de mercader al mismo tiempo que explota sus formas de niña. La caprichosa biología incita al desmadre con frecuencia. Se ofrece con cuentagotas, ni más ni menos de ella en un esfuerzo sublime por conservar lo que aun le queda. Rehúsa abrir su boca cuando la besan sin amor pero se muestra cálida y receptiva si por derecho recibe respeto en su lugar. Chica lista. Y dura, una rata gigante de veintitantos que regala miel cuando ya nadie regala nada. El Sr. Bala parecía no sentirse intimidado ante el desafío suburbial… pronto dejó de refunfuñar para unirse a la homilía a falta de un modo directo de llegar a casa. First the basics, seven eleven es una manera genérica de referirse a un oasis nocturno bien provisto de tabaco y MangarocaLa calle nos quiere y de nosotros se pinta diversa porque la calle es un asunto de todos. Jodida zorra bipolar, sangraba por una pequeña brecha abierta en el cráneo, nada serio, seguro que fue el aterrizaje forzado en la disco. Se paseaba de un lado a otro de la acera agitando los brazos, alentando el vuelo del mono que desanda el camino andado. Las figuras lejanas contemplan la danza. La ciudad desaparece ante nosotros, el horizonte queda indefinido, la mente se eleva siguiendo el lamento cansino de la mujer del vestido roto. Veo mis manos a través de mis ojos y sólo hay paja. Bebimos mientras duró el dinero. El dinero rara vez dura suficiente. La casa de cambio abre temprano. Los acreedores de la calle 32 hacen cola para cerrar caja. Suu me pidió algo para el taxi. El último vistazo me dejó vacío, a la luz del día resolví asumirla tal y como lo hacen los demás, puta, borracha y mendiga.
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Category: Viajar
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