Caminos

Caminábamos sin prisa, habíamos llegado a tiempo y con los boletos comprados el día anterior. Acerqué nuestras manos entrelazadas a mi boca y traté de darles un poco de calor con mi aliento, él dejó la maleta en el piso, hice lo mismo con la mía, luego, dijo algo con la mirada que no alcancé a descifrar y me abrazó, sentí el frío de la tela de su gabardina en mi mejilla, cerré los ojos, respiré despacio, su olor que se mezclaba con el del humo y el del pasto mojado. Durante esos instantes, mientras escuchaba su corazón, las dudas, el futuro y la muerte, desaparecieron. Nunca creímos en las promesas y sin embargo, compartíamos el presente con lo que nos dejara a la puerta cada mañana. El tren silbó mezclándose con la neblina. Seguimos avanzando hasta el andén. A lo lejos, alguien silbaba una canción de José Alfredo.

Nuestro compartimento era para cuatro personas pero estuvimos solos durante todo el recorrido. Nos abrazamos y el sonido del tren nos arrulló. Despertamos un par de veces en las que cambiamos de posición. Al llegar, nos sentíamos muy cansados. A la salida de la estación nos detuvimos a comer en una fonda con menú casero, tenía los clásicos manteles de plástico decorados con flores de colores. Lo único que quedaba eran tamales y agua de horchata. Comimos en silencio. Sonreí, estaba emocionada. Era nuestro primer viaje juntos, él tenía la mirada y el corazón distraídos y ni siquiera se dio cuenta cuando me acerqué a besarlo. Creo que fue entonces cuando él empezó a tener miedo. No teníamos mucho dinero pero queríamos deshacer los nudos del tiempo y los chantajes familiares que habíamos abandonado en la ciudad con los recuerdos y destinos que perdimos en sus calles. Renunciamos a los sueños y las esperanzas que los demás nos habían reservado para seguir hacia la orilla de una playa que después fue un camino empedrado con olor a pastizales y lodo.

El miedo seguía aferrado a sus ojos del mismo modo que yo lo hacía a su mano. Solo durante las noches, con los párpados cerrados, el miedo se quedaba dormido y podíamos hablar en silencio con las manos y los labios y podíamos olvidar que llegarían otras mañanas, otros años, otros caminos.

Category: Viajar
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