Chiruza viajera, viajá.

Hace semanas que no para de llover y el viento se hace oír.
Otoño en “la olla” del litoral, siempre es húmedo y lluvioso.

Hace tres años comencé a planear un viaje por el mundo, que hubiese arrancado hace dos años y habría de haber terminado, aproximadamente, en Enero de 2017.
Hace dos años, ese viaje se cayó. Caducó en la manera, las formas y el sentido que estaba previsto.

En ese entonces, después de estar un mes viajando por Bolivia y Perú, llego a la que era mi casa, y mi compañero de vida en ese momento, me propone tomarnos un par de años para viajar por el mundo.
Él veía que me le estaba volando, que mi mente se le escurría en sueños de viaje y que estaba más en cualquier otro lado, que a su lado. En afán renegado de aferrarse a mi talón, propone un viaje que sería irrealizable (al menos, juntos). Yo abracé la idea, abracé el viaje, pero viendo en retrospectiva y con arañazos en la cara de cruda terapia y cuentos de realidad, nunca lo abracé a él.

Esa idea de viaje se cayó tras delirios y cumbres borrascosas y esa manera de andar casi a la par, también.

El germen de viajar por unos cuantos años, había sido abrigado en la infancia, cuando a la caída de una pesataña, pedíamos tres deseos y la chirucita de corte carré, cerraba los ojos y decía “viajar, tener muchos sobrinos y ser felíz”, sin saber siquiera qué eran tales cosas, ni que implicaría llegar a ellas.

Desde hace unos años, la chirucita, volvió a la melena carré (Nota al pie: retomar terapia? Regresión?), pero ya no cierra los ojos para desear: hoy compra libros con detalles de ciudades, se autoproclama viajera y maker, estudia Arte, tiene un mapamundi rescatado de una escuela, practica francés por celular y proyecta su viaje por el mundo.

Hace un año, Ache, hermana de alma y viajera, tras un correo me avienta en la cara sin tapujos ni pudor “arranco de viaje sola, estoy en Colombia, venite”.
Me paré en seco. Respiré y sentí.
No era el momento.
Había otros disfrutes por acariciar.

El Diciembre fue la implosión: muchas semanas de incesante trabajo, agobio, presión, corridas y “días de vacaciones”  que no llenaban ni dejaban respirar.
La decisión fue cortante: La idea de “el viaje”, flotó como huevo podrido.

Acá arranca la cuenta regresiva.
No hay fecha, pero sí un horizonte claro.
Éste es el punto “0” que contiene el tiempo trascurrido y augura el que vendrá.
Aténgase usted, lector, si no quiere enredarse en idas y vueltas, reflexiones y hasta una pseudo-esquizofrenia, atascos artísticos, copas de ansiedad, revueltas amorosas-existenciales y embriagues culturales.

ATÉNGASE LECTOR! Quien suscribe, no se hace cargo de la consulta al médico ni de la receta al boticario.

Si tiene miedo, está en el lugar correcto.
Ni no tiene miedo, también.
Venga acá un abrazo!
Relaje.
La primera vez puede ser abrupta, molestar y hacer ruido por todos lados, pero por algún punto, hay que empezar.

Category: Viajar
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