Cuando estás a punto de mandar el viaje a la mierda

El Fort Amber tiene un lago a sus pies.

El Fort Amber tiene un lago a sus pies.

He estado a punto de enviarlo todo a la mierda. De agachar la cabeza sumisamente y reconocer que la India me ha derrotado. Recoger los bártulos y volver a Menorca negando que alguna vez fui al subcontinente indio y prometiéndome que nunca más regresaré por estas tierras. Si… He estado a punto. Tan a punto que incluso hemos mirado billetes para cambiar de país. Pero eso hubiera sido lo fácil, lo cobarde y se nos hubiese quedado la espina clavada para siempre. He temido por nuestras vidas y no es broma.

Beatriz, Clara y yo en un autorickshaw o tuc tuc.

Beatriz, Clara y yo en un autorickshaw o tuc tuc.

El domingo comenzó estupendamente, compartiendo nuestras últimas horas en Jaipur con Beatriz Sánchez, una productora audiovisual que lleva dos semanas viajando sola por la India y que las ha pasado incluso más perras que nosotros. La conocimos en el guest house.

Fuimos a la estación de tren para dejar en consigna las mochilas y visitar el Amber Fort que la Lonley Planet describe como “visita estrella de Jaipur”. El tiempo se nos echó encima y las 500 rupias por persona que pedían por la entrada (unos 8-9 euros) nos parecieron excesivos por una hora y poco de paseo y porque descuadran facilmente cualquier presupuesto mochilero.

Imagen exterior del Fort Amber.

Imagen exterior del Fort Amber.

Es cierto que el lugar tenía su encanto. Una fortificación en lo alto de una colina a la que tenías que subir a pie, monos campando a sus anchas y algún elefante ahorrándole el soponcio de subir a pie a turistas de bolsillo y zapato fino.

La entrada al Fort Amber con la muralla en la montaña del frente.

La entrada al Fort Amber con la muralla en la montaña del frente.

En el Fort Amber hay monos con poses humanas. ¿Os habéis fijado en el del centro? Tiene el codo en la rodilla!

En el Fort Amber hay monos con poses humanas. ¿Os habéis fijado en el del centro? Tiene el codo en la rodilla!

Una muralla similar a la china recorre el exterior de Jaipur incluso por sus montañas.

Una muralla similar a la china recorre el exterior de Jaipur incluso por sus montañas.

Alrededor de Jaipur hay una muralla tipo la china aunque salvando las distancias que le da un atractivo al lugar.

Water Palace en Jaipur, un palacio en mitad del lago.

Water Palace en Jaipur, un palacio en mitad del lago.

Tras despedirnos de Beatriz nos dirigimos a la estación de tren parándonos antes en un lago que tiene un impresionante palacio en su mitad y que desgraciadamente no se puede visitar. Lo de los lagos sé que suena muy molón pero recordad que hay basura por todo y que la belleza de los lugares depende mucho del encuadre que hagas en la fotografía (Beatriz dixit).

Selfi con los nuevos amigos, el del centro es el militar de las fuerzas aéreas y el de la izquierda Sonu Saini.

Selfi con los nuevos amigos, el del centro es el militar de las fuerzas aéreas y el de la izquierda Sonu Saini.

El billete de tren era general y en la clase más baja. Conocimos a un soldado de la fuerza aérea (nos enseñó un montón de fotos de su instrucción y todos sus carnets acreditativos) que nos echó una mano, así como un asistente en desarrollo ganadero, o algo así, y su amigo Sonu Saini que por conseguirnos un asiento en la batalla campal que supone cada llegada de tren tuvo que viajar solo en otro vagón… Sonu Saini it’s very nice meeting good people in India like you. It was a big honour for us share selfi with you. It’s a good memory that we wil remmember for ever! Namasté!

A lo largo del viaje pudimos comprobar dos cosas, que en la India también hay muy buenas personas y que en esa clase te destrozas el culo en viajes de dos horas.

Ese buen rollo que vivimos ligado al del día anterior nos hizo relajarnos hasta el punto de preguntarnos: “¿Habrá virado el rumbo de nuestro viaje hacia algo totalmente distinto?”.

No. Imagino que ya deducías la respuesta. Nada más llegar a Ajmer tomamos un taxi por 300 rupias hacia Pushkar (buen precio) y topamos con un lugar idílico. No había mucha gente, está más limpio que otros lugares y cuenta con un lago maravilloso.

Aquí decidimos pasar dos días, incluso dado el buen rollo que desprendía el lugar meditamos la posibilidad de añadir un tercero. Pero todo eso zozobró y se fue a la mierda en dos minutos.

Espectacular anochecer en el lago de Pushkar.

Espectacular anochecer en el lago de Pushkar.

En el lago hay mucha gente meditando, indues la mayoría ya que es un lugar sagrado. En un momento se nos plantaron dos ‘priest’ o eso aseguraban y nos separaron para hacernos una bendición y hacer una ofrenda floral al lago. Me hizo gracia y dejé hacer. Todo iba bien hasta que me dijo que tenía que pagar 50 euros. Me quedé de piedra y no supe cómo reaccionar ya que me tenía cogida la mano.

Le dije que no, que solo tenía 20 euros, pensando que tenía que pagar obligatoriamente. Cuando tenía la otra mano en la maleta con el dinero bien cogido otro indio que se había acercado metió su mano en la mochila y me quitó 20 euros más a lo que el ‘priest’ dijo que con 40 euros estaba bien.

Clara, a 100 metros de mi empezó a gritarme que nos fuéramos y que no les pagara nada. Tarde. Nos empezamos a ir conscientes de que nos habían robado con todas las de la ley y cuando ya habíamos salido del lago Clara sacó ese genio que afortunadamente solo guarda para ocasiones especiales y empezó a gritarles y a exigirles que nos devolvieran el dinero. Al ver que estaba sola ante unas diez personas con altas posibilidades de ser de esos indios que tratan a las mujeres como a una mierda me uní en gritos, malas caras y amenazas.

Los nervios y la tensión hicieron que el momento se fuera complicando por segundos pero nos devolvieron 20 euros. Tras ganar la batalla Clara decidió ir a por la guerra gritándoles y amenazándoles con avisar a la policía y avisar a todos los turistas que pasaban de que aquella panda eran unos ladrones. De hecho, lo hizo, se puso a gritar en inglés. Yo también me vine arriba olvidando que la seguridad que solo otorga el hogar estaba a miles de kilómetros y les dije que eran unos mentirosos, un ‘fake’.

ERROR. Eso los enfadó muchísimo y entonces comprendí que se nos había ido de las manos. Nos devolvieron los otros 20 euros y nos dijeron que no volviésemos. Temblando decidimos ir al hotel a pesar de que teníamos gente de ese grupo delante de nosotros y detrás. Solo queríamos meternos en nuestra habitación. E imagino que ellos querían saber cuál era nuestro hotel.

Ya en el aposento me pasaban mil cosas por la cabeza, desde la impotencia de sentirme la persona más estúpida del planeta a la rabia por no poder hacer nada y el miedo de que a Clara le pudiese pasar algo. O que se compincharan con el del hotel y les dejara entrar. Ahí decidí rendirme, proclamar victoriosa a la India. Rendir pleitesía a esta tierra de estafadores, saltimbanquis y titiriteros que en algún momento tuvo gloria y honor y largarme por la puerta de atrás. Lo reconozco.

Salí de la habitación para ver si había alguien esperando en la recepción o a las afueras y me emparanoié con un tío que estaba fumando en un coche a escasos metros. Sí, como en una peli. Sentía una presión muy fuerte y necesitaba plantarle cara a la India, recuperar el valor, coger el toro por los cuernos aunque por aquí sean sagrados e impensable lo de tocarlos. Hablé con el propietario del hotel quién me tranquilizó bastante contándome que lo que nos había pasado era algo normal en el lugar y que habíamos tenido suerte porque él había tenido clientes que incluso les habían estafado 300 euros y que lo que verdaderamente le preocupaba a los estafadores era que fuésemos a la Policía. No lo pensábamos hacer y la verdad es que me vino muy bien la charla para relativizar las cosas.

Cenamos en la terraza del hotel y decidimos quedarnos en Pushkar pensando en las cosas buenas que nos han pasado en estos dos últimos días y que dan fuerzas para seguir. Ya os contaremos.

Namasté!

Category: Viajar
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