Curiosidades de Panamá

Ya con los pies en otro país me pongo a pensar lo vivido estas tres semanas en Panamá y sus características que más han llamado mi atención.

Y es que pesar que no sea algo que les haga gracia si me leen, no puedo decir que los panameños destaquen por su simpatía en la atención al cliente. Fue lo primero de lo que me avisaron solo llegar quienes ya viven allí desde hace una temporada. Y luego algunos locales me han reconocido que es cierto. O sea que a tener en cuenta que si al visitarlo no dan las gracias o ni si siquiera responden a alguna duda al preguntar no hay que tomarlo como algo personal. Entre ellos actúan con igual amabilidad.

Algo que me asombró al querer ir a comprar a un supermercado son los precios desorbitados que ofrecen. No comprendo por qué es sumamente más caro que en cualquier otro lugar que he visitado. O sea que cuidado si se pretende cocinar para ahorrar porque puede salir por mucho más de lo esperado.

Los carteles de algunos comercios me resultan divertidos y muy acordes consigo mismos. Si se quiere algo dulce se compra en una dulcería y si luego apetece un refresco pues entonces en una refresquería. Simple.

Si al moverse por la ciudad preocupa no conocer las calles no pasa nada, ni ellos las saben. De hecho no existen carteles con sus nombres, los cuáles creo que solo los descubres si entras en Google Maps. Porque ellos se orientan según puntos conocidos. Van al lado del restaurante tal o el hotel cual. Sin opción a pérdida.

El transporte público también es algo que llamó mi atención. Precios carísimos para básicos de alimentación y en cambio buses por centavos y taxis por muy pocos dólares.
Eso si, antes de subirse al taxi mejor cerciorarse de que pretenderá cobrar porque no existen los taxímetros, son precios más o menos estipulados por zonas. Pero como vean a alguien despistado se aprovechan y el trayecto tendrá un coste muy superior al real.
Y los buses interurbanos tienen una curiosidad a parte de su asequible precio y es que el trato es personalizado. No darán los buenos días ni las gracias pero pararán en cualquier punto que se desee. Basta gritar bien fuerte “parada” y delante de la puerta de casa si así se pide. Además no faltará de nada porque en varias paradas se suben vendedores ambulantes a ofrecer de refrescos a comida de todo tipo.

Por último, lo más singular para mí es que prácticamente en cualquier punto de este país se puede estar conectado vía wifi. Desde cualquier punto de la ciudad a la estación de autobuses de un pueblo perdido donde solo hay un recinto medio abandonado pero, eso sí, una red donde conectarse llamada “internetparatodos”. Que no falte nunca la comunicación.

Category: Lugares
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