De vacaciones en Suiza (parte 1)

El sábado volvimos de Suiza y la depresión postvacacional está siendo larga. Se acabaron ya los viajes, las aventuras y parece que también el sol. Ayer domingo llovió un montón durante todo el día y para entreternos nos fuimos por la mañana al museo de los niños, el Kinder Museum. Los peques estuvieron dos horas haciendo pompas de jabón. Parece mentira como una cosa tan simple puede entreternelos tanto. Podían hacer pompas de todos los tamaños y de todas las formas, una pompa gigante vertical y hasta meterse dentro de una pompa que, si lo hacías bien, te cubría todo el cuerpo. Se lo pasaron en grande. Mateo también disfrutó mucho aunque es todavía muy pequeño para hacerlo solo pues los círculos de pompas gigantes son muy grandes y no es muy diestro en el manejo de pajitas para hacer pompas pequeñas y me daba miedo que se tragara el jabón.

Hoy lunes sigue lloviendo y aprovechando la siesta de Mateo puedo escribir sobre el viaje.

Suiza es un país precioso, nos ha encantado, aunque es carísimo. Hicimos bastante compra en Munich y nos la llevamos pensando que estabamos haciendo el tonto, que tampoco era para tanto, pero menos mal. Es muy, muy caro.

Salimos el sábado por la mañana y paramos a comer en Zurich. Me habría encantado pasear por ella más tiempo y perderme por sus calles porque tiene su encanto pero eran las 3 de la tarde y hacía un calor tremendo. Visitamos la iglesia de Grossmünster y poco más porque enseguida empezó el coro de protestas “Mamá, hace calor!” “Mamá, no quiero andar más!” “Con bassos, con bassos!!” (Ya os imagináis quien es éste) ¿Por qué siempre dirán mamá? La verdad es que los entendíamos perfectamente porque el bochorno era impresionante y no apetecía nada ver edificios. “Si todas las ciudades son iguales.” Insistía enfadada Adri, tan pragmática como siempre. Total, que nos conformamos con callejear por un par de calles hasta dar con la iglesia, que es bastante bonita por fuera aunque muy sosa por dentro, y con entrever el Zürichsee (el lago de la ciudad) entre los árboles y los edificios.

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Por la tarde llegamos a Lenk, el pueblecito donde pasamos la semana. Estaba lloviendo por lo que esa tarde no pudimos hacer gran cosa salvo un pequeño paseo por el pueblo. Al pasear por la calle principal vimos la gran atracción del fin de semana: los Monster Track, esos coches absurdos que tienen ruedas de tractor y dan frenazos y acelerones. Cuando pasamos por delante Gabi se encaprichó e insistía en que quería verlo. Jaime y yo nos miramos horrorizados. Aquello era demasiado. Podíamos ir a las piscinas de Aquamundo y pisar descalzos por allí toda la tarde, o tirarnos por todos los toboganes, aguantar las colas de Eurodisney o incluso ir a una piscina cubierta en pleno mes de agosto… pero los coches esos no, no por favor. Menos mal que no insistió mucho y pasamos de largo muy rápido, para evitar más tentaciones y para no respirar más goma quemada porque con tanto frenazo el olor era insoportable.

El domingo continuó la lluvia pero nosotros nos mantuvimos fiel a la agenda que tan bien había preparado Jaime, me encanta como prepara los viajes. Fuimos a ver la cascada de Staubbachfall que, según me acabo de enterar, es uno de los saltos de agua más altos de Europa. Como era verano el acceso estaba abierto y se podía llegar hasta ella a través de un camino y una galería abierta en la roca. Era un paseo corto, de los que les gustan a los peques, de aproximadamente dos minutos, pero estaba muy chulo y la cascada era impresionante.

Después nos fuimos a la cascada de Trümmelbachfälle pero al llegar al párking estaba lloviendo tanto que no podíamos salir del coche. Según Weather Underground (somos fans de esta app) dejaría de llover en tres cuartos de hora así que era el momento de comer. Pero dónde? Cómo? El parking no ofrecía ningún tipo de cobijo donde albergarse así que decidimos guardar el asiento de Gabi y hacer el maletero grande. Lo despejamos y los cuatro peques comieron su bocadillo allí, fue muy divertido.

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Después, como si lo hubieramos planificado con antelación, dejó de llover y salió el sol. Jaime se fue con los tres mayores a visitar las cascadas y yo me quedé dando un paseo con Mateo pues los menores de cuatro años no pueden entrar debido al ruido que hace la cascada.

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Tras la visita nos fuimos al lago Bieler, junto a Interlaken. Descubrimos un camino que lo rodeaba y llegaba a un castillo en ruinas y dimos un paseo muy chulo. También hubo, por supuesto, coro de protestas pero no fue muy fuerte y el paseo les gustó. A Mateo hubo que llevarle a “bongos”, por supuesto, pues nos habíamos dejado el carrito en Munich, pero ya estamos acostumbrados.

El lunes fue el gran día!! Hacía solecito y visitabamos la fábrica de chocolates Cailler!! Ha sido el gran éxito del viaje, sin duda. Está situada en el pueblo de Broc y merece la pena la visita. Con tu audio-chocoguía sigues un recorrido por la historia del chocolate y de la marca Cailler y después te enseñan su proceso de fabricación. Todo eso está genial pero lo mejor es que puedes probar sus bombones.  Quién no ha soñado con bombones gratis? Cogimos unos cuantos que estaban riquísimos pero mientras mirábamos el siguiente punto de la visita pude ver cómo los bolsillos de Cayetano habían aumentado considerablemente. Fue muy divertido. Tras esto hay un mostrador en el que de uno en uno vas probando sus bombones mientras intentas saborear y descubri los ingredientes que los componen. Yo no fui capaz de probarlos todos y eso que soy una gran chocolatera, pues hay muchos y acabas un poco saturado de chocolate (quién lo iba decir?) El museo desemboca, por supuesto, en una tienda, un paraíso del chocolate con tabletas de todos los colores y sabores colocadas en estanterías que llegan hasta el techo, cestas repletas de chocolatinas y barritas, cajitas de bombones de todos los colores… Imposible irse de allí. Fuimos prudentes y compramos solo una caja con bombones pero yo me habría comprado toda la tienda.

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Desde allí nos fuimos a comer a Gruyeres. En la parte baja del pueblo hay una fábrica con un pequeño museo y un restaurante donde comimos una fondue muy rica, aunque según Gabi olía a piés. Después visitamos el museo y dimos un paseo por el pueblo, muy pequeño pero muy bonito con un precioso castillo que se puede visitar.

Mañana seguiré con la segunda parte del viaje porque Mateo se ha despertado de la siesta y ya no puedo escribir más.

Category: Viajar
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