«Desconfortarse»

“Para crecer, hay que salir de la zona de confort”. Cuántas veces se ha podido leer o escuchar esto. Toda la razón. Ya sea por miedo o, en mayor parte, por comodidad, se tiende a crear una rutina estable en la que se está bien, se es medianamente feliz y con eso a muchas personas les vale. A veces se vive en una situación así por necesidad o porque se cree que no existe nada más que eso y la simple idea de planteárselo asusta. No quiero decir que esté mal, pero de vez en cuando hay que salir de esa situación para aprender cosas nuevas.

Muchas personas siguen junto a su pareja durante años sin exigirse nada mutuamente que les haga crecer como personas y que haga crecer la relación; otras muchas se conforman con un puesto de trabajo que no les permite avanzar en su trayectoria profesional; otras tantas no salen de su pueblo o ciudad natal por miedo a lo desconocido.

Viajar es una de las formas más bonitas de salir de esa zona de confort. Cambia el paisaje, el ambiente, la cultura, la gente y todo lo que te rodea en tu día a día habitual. También es por eso por lo que creo que a veces sentimos que el tiempo pasa más despacio cuando viajamos. En la rutina, como es lo de todos los días, no nos paramos demasiado a contemplar y a pensar. Y, por lo tanto, no aprendemos mucho. En cambio, viajando, todo cambia.

Para mí la escritura o el teatro también son una manera de salir de esa conformidad. Crear nuevas situaciones, mundos, personas que no son parte de tu vida real te hace ver la tuya propia de otra forma. Ponerte en la piel de un personaje y asumir sus pensamientos y sentimientos es una forma distinta de conocerse a uno mismo. Estas dos aficiones me hacen escapar de mi rutina y me alimentan de una forma especial.

También nos alejamos de esa zona de confort cada vez que sucede algo nuevo en nuestra vida, para bien o para mal: independizarse, buscar un nuevo trabajo, una nueva pareja, el fallecimiento de alguien que queremos, romper una relación, etc. Esas situaciones provocan un choque de realidad más o menos fuerte y te sacan de lo de siempre. Y todas ellas están relacionadas con los sentimientos. A veces incluso se descubren algunos que se desconocían.

Las personas que chocan contra un muro y caen, aprenden solas a volver a levantarse. Necesitamos de la ayuda de los demás para esto, pero al final es uno mismo el que se levanta y poco a poco a base de pequeños golpes va resquebrajando la pared. Aunque parezca que esa persona no está avanzando, ni caminando por culpa del muro, interiormente está creciendo más que las que se encuentran en una zona de confort. Es pasado un tiempo, cuando se van viendo cada vez más grietas en la pared y finalmente la traspasamos, cuando nos damos cuenta de todo lo que hemos aprendido.

Creo que siempre es mejor dejar a un lado el miedo a los cambios y arriesgar, porque nunca se sabe lo que puede pasar. No podemos predecir el futuro por mucho que algunos se empeñen. Pero seguro que, sea bueno o malo lo que encuentres, te hace aprender mucho más de la vida que manteniéndote siempre en tu zona de confort. Hay que ser un poco inconformistas.

Foto: Castelo dous Moros, Sintra, Lisboa.

Category: Viajar
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