Desierto del Sahara de lo irreal a lo real.

Desierto de Sahara.

Desierto de Sahara.

El segundo día de ruta hacia el desierto inicia temprano alrededor de las seis de la mañana y con una temperatura de 3 grados ya estábamos en ruta nuevamente, hoy era el día en que llegaríamos al desierto y eso creaba una gran emoción así que no quedaba espacio para quejarse por madrugar o por el frio que teníamos en ese momento.

Ya después de un par de horas sobre la carretera con un paisaje completamente árido (el cual se vuelve bastante agotador) llegamos al valle del Drâa, este es un valle que tiene gran cantidad de kasbahs antiguas pero sin duda alguna lo que más llama la atención son sus altas y verdes palmeras las cuales corren  a lo largo del río del Drâa que nace en las montañas del Atlas y que le da vida a este Valle por varios kilometros convirtiéndolo en un verdadero oasis en medio de un paisaje completamente desértico.

Valle del Drâa

Valle del Drâa

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

Este valle contrasta desde lo lejos con todas las montañas que tiene a su alrededor, en donde es fácil ver como el día a día de las personas que viven acá se desarrolla bajo la sombra de las grandes palmeras, las cuales utilizan para realizar actividades como pastoreo y agricultura aprovechando así tanto la sombra como el afluente del río.

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

El día a día se centra bajo la sombre de estas palmeras.

El día a día se centra bajo la sombre de estas palmeras.

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

Dejamos atrás el increíble valle del Drâa y continuamos hasta llegar al lugar conocido como Todra Gorge, que es un gran cañón por donde corre el río, su aspecto es bastante interesante ya que en medio de grandes paredes de roca se encuentra el río  y una carretera, estas altas paredes de roca hace que en algunos lugares se impida el paso de la luz del sol lo cual hace que este lugar sea bastante frío.

Todra Gorge

Todra Gorge

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERACuanto más avanzamos más desértico se vuelve el paisaje, pasamos por muchos pueblos pero a mí me llamo la atención uno que se llama Rissani, el cual es una de las ciudades más antiguas de Marruecos y una de las primeras en donde convivieron tanto los musulmanes con los bereberes juntos, por lo cual es posible encontrar ambas culturas en esta ciudad. Esta ciudad tiene unas tradiciones y costumbres muy fuertes ligadas a sus creencias, lo cual es fácil de ver en sus calles acá las mujeres que andan por la calle lo hacen en compañía de un hombre o con otras mujeres o niños pero no se les ve solas, también la gran mayoria lo hacen completamente cubiertas con sus burkas en color negro.

Esta ciudad también es considerada como la entrada al desierto ya que es la última ciudad de importancia sobre la ruta, lo cual la convierte en un lugar de parada para abastecerse de productos como agua, comida y otros artículos antes de llegar a las dunas del desierto.

Mujer en la entrada de Rissani. Foto tomada desde el auto en movimiento.

Mujer en la entrada de Rissani. Foto tomada desde el auto en movimiento.

Algo muy curioso que sucedió acá en Rissani fue cuando hicimos una parada para comprar unas cuantas botellas de agua, una de mis compañeras se bajó para comprar su botella de agua pero inmediatamente nuestro guía se bajó también para acompañarla ya que al ser mujer y estar sola, además de no vestir la burka es visto como algo irrespetuoso para las demás personas y por consiguiente seria ignorada y no atendida, así que fue debido a esta razón que nuestro guía se bajó para poder comprarle el agua.

Claro que de camino comentamos una y otra vez lo sucedido, mientras a nuestro paso lo único que veíamos era el horizonte, nada de montañas, nada de vida y una que otra señal de pasos de camellos (Si como el de los escolares frente a las escuelas), hasta que a lo lejos ya podíamos avistar unas pequeñas montañas de color amarillo-naranja eran las dunas del Sahara específicamente de Erg Chebbi que ya nos daban la bienvenida.

Ya en la entrada a las dunas bajamos del auto y tres camellos esperaban por nosotros junto con Mohamed quien nos llevaría desierto adentro hasta las dunas.

Inicio del camino desierto adentro hasta el campamento.

Inicio del camino desierto adentro hasta el campamento.

OLYMPUS DIGITAL CAMERA   OLYMPUS DIGITAL CAMERA   OLYMPUS DIGITAL CAMERA

desert

Después de una hora y media sobre los camellos bajando y subiendo dunas llegamos a nuestro campamento, donde desempacamos y como la tradición marroquí manda a tomar el té de menta con galletas y semillas, mientras esperábamos por el atardecer.

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

Este es el campamento, donde pasaríamos la noche justo dentro de una duna para protegernos del viento y el frio.

Este es el campamento, donde pasaríamos la noche justo dentro de una duna para protegernos del viento y el frio.

Desde lo alto de una de las dunas.

Desde lo alto de una de las dunas.

Atardecer sobre el desierto.

Atardecer sobre el desierto.

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

Ya en la noche llego el momento de la cena hecha por Mohamed, la cual fue la mejor cena que he tenido hasta ahora en mi vida y no hago broma de ello. Luego de la cena hicimos una fogata en donde tratamos de aprender a tocar algunos instrumentos bereberes y cantar un poco, frente a esta fogata compartimos infinidad de historias de como era nuestra vida en cada uno de nuestros países. Todos tanto las dos chicas de Estados Unidos como Mohamed y yo compartíamos algo y era nuestras edades ya que todos andábamos entre loa 21 y 25 lo cual hizo que la conexión y curiosidad por saber cómo vivíamos cada uno fuera bastante.

En un intento de hacer un poco de musica bereber.

En un intento de hacer un poco de musica bereber.

Pasar una noche en el desierto te desconecta por completo, solo se podía escuchar el sonido del viento y fue asi como me quede dormido hasta el otro día. A las cuatro de la mañana despierto y salgo para ver las estrellas. Desde ese entonces siempre vivo diciendo para que pagar por un hotel cinco estrellas si puedes tener uno de un millón de estrellas por tu propia cuenta.

El tercer día fue el regreso, por una ruta diferente las dos chicas de Estados que conocí se quedaron una ciudad después de Rissani ya que iban hacia Meknes otra ciudad más al norte por lo cual no les servía llegar hasta Marrakech, me despedí de ellas y seguimos el camino ahora solo éramos tres. Ellas por su parte se quedaron tomando un taxi compartido con tres personas más. (Taxis compartidos en Marruecos son viejos mercedes Benz amarillos, que les meten hasta siete personas, les llaman le Grand taxi, que irónicamente son viejos 80s y son los que más distancias recorren)

De regreso fueron 8 horas sin paradas, excepto la del almuerzo donde Ali nuestro guía me pregunto si comía carne a lo que le dije que sí, fuimos a una carnicería donde compran la carne por kilos y ahí mismo la cocinan te la sirven con pan y nada más la comes con las manos acompañado por te de menta (nuevamente) Ali me invito al almuerzo ese día. Y ahí es donde está la parte más linda de viajar conocer a las personas, intercambiar experiencias, y formar lazos de amistad aunque sean por unas cuantas horas ya que después te separas de esas personas y en muchos casos no vuelves a saber de ellas nunca más.

Regreso a Marrakech viaje de un poco mas de 8 horas seguidas.

Regreso a Marrakech viaje de un poco mas de 8 horas seguidas.

Para terminar el viaje solo una sorpresa faltaba y fue que al pasar por las montañas del atlas las cuales hace tres días tenían sus picos nevados, ese día estaba nevando y toda la carretera estaba irreconocible por la cantidad de nieve que está cayendo.

Regalos que te da la vida el mismo lugar, 3 días después con una apariencia completamente diferente.

Regalos que te da la vida el mismo lugar, 3 días después con una apariencia completamente diferente.

Category: Viajar
You can follow any responses to this entry through the RSS 2.0 feed.Both comments and pings are currently closed.

Comments are closed.