DESVARÍOS DE AEROPERTO A LA MADRUGADA

A veces, con tal de pagar un vuelo más barato uno hace cosas de las que después se arrepiente. Es así como siendo las 2:35 am, me encuentro en un bar del aeropuerto esperando a que se abra el embarque de mi vuelo de las 4:35 con destino a Ushuaia. Ya empecé el viaje con el pie izquierdo, ya que en mi vida tuve que pagar exceso de equipaje… hasta hoy. No fue mucho, y es verdad que algunas de las cosas que llevo son para regalar, pero así y todo me da un poco de bronca. Culpo de todo a la enorme valija que decidí comprar para mi viaje a Europa, no tuve en cuenta que al comprar algo tan grande siempre iba a correr el riesgo de llevar kilos de más. También culpo al clima frío al que voy, que me obliga a llevar mucho calzado pesado y ropa pesada. Y un poco me culpo a mi, por no saber economizar a la hora de elegir lo que debo empacar…. 
Te atiende la gente del bar de los aeropuertos? Porque acá no me están atendiendo… Igual me sirve para pasar un poco el tiempo, estar sentada acá y no en uno de esos blanquitos incómodos de las salas de espera. 
Bueno, pero estaba hablando de las cosas que uno sacrifica para obtener un pasaje menos caro: escalas de diez horas o más, cambios de aeropuertos, horarios imposibles. Por lo general siempre fui estratégica a la hora de elegir estos sacrificios, sí puedo sufrir un camino tortuoso a la ida, pero a la vuelta prefiero que las cosas sean lo más simple y con la menor espera posible, sino todo lo que uno descansa en las vacaciones lo pierde en el stress del viaje de vuelta. Y también me di cuenta de que con los años me puse más quisquillosa y prefiero pagar un poco más con tal de tener ciertas comodidades en el viaje, se trata de pequeños compromisos, y de un equilibrio entre lo económico y lo medianamente confortable. 
Mi próximo viaje internacional me va a exponer, por primera vez, a un doble martirio, pero ya hablare de eso cuando suceda. Ahora estamos enfocados en este viaje, en el que juego de local.
Espero poder llegar con la suficiente energía como para ser un ser humano funcional y aprovechar el primer día en este lugar hacia dónde me dirijo, porque después de madrugar y no dormir para llegar al aeropuerto, y por consiguiente tampoco dormir para tomar el vuelo sé que no va a ser nada fácil.
Y que hago cuando tengo que esperar? En este momento, como buena antropóloga, hago observación participante, y veo pasar las faunas que pueblan un aeropuerto mientras intento tomar el cortado hirviente que me sirvieron después de tanto esperar a que me atiendan.
Pude observar a una manada de jóvenes que se distinguían por su colorida vestimenta y sus gorros estilo fedora (cada uno con un color distinto); una niña con acento centroamericano llorando y discutiendo con quien parece ser su abuelo, algunos extranjeros que se distinguen por ser tan blancos que encandilan, mochileros, todos sonámbulos con la mirada cansada al exponernos a la actividad en estas horas de la madrugada. A esta hora los aeropuertos, como la mayoría de la gente, se encuentran más bien dormidos, la cantidad de cuerpos que los habitan es mínima, son horas más bien calmas, en las que el bullicio típico de estos lugares se encuentra en volumen bajo, casi apagado. Sin embargo poco a poco, y a medida que se acerca el horario de algún vuelo, el ruido empieza a aumentar, la gente deja de estar tranquila y el frenesí las invade. 
Me estoy quedando dormida, y el café hirviendo (que ya se enfrió bastante) no está haciendo efecto, y mi cerebro divaga pensando qué sacar a la vuelta para evitar pagar exceso de equipaje nuevamente. 
Otra cosa de la que me di cuenta esperando en aeropuertos es que hay ciertos horarios en los que el tiempo se detiene, o se ralentiza, en el que los minutos parecen no pasar más y uno siente que permanecerá eternamente varado. Las cuatro de la tarde y las tres de la mañana son para mí una especie de vortex temporal en que el que la relatividad del tiempo se manifiesta con toda su fuerza. Sin embargo, por suerte, el hechizo siempre se rompió a tiempo, y siempre llegue a destino.
Si, él no dormir me hace divagar, y ya es hora de que embarque.
img_0141-1
img_0140

Category: Viajar
You can follow any responses to this entry through the RSS 2.0 feed.Both comments and pings are currently closed.

Comments are closed.