Edimburgo, la dualidad y la historia de un armario

Aquel armario le fascinaba. No era por su olor a madera, ni por el tacto suave del barnizado, ni siquiera porque guardara con seguridad su ropa y zapatos. Lo que intrigaba al pequeño Robert era quién lo había construido. Desde el dormitorio de su casa, situada en el número 17 de Heriot Row, imaginaba al Diácono Brodie cortando los tablones de caoba, ensamblándolos con delicadeza, enroscando los tiradores de los cajones para, seguidamente, recorrer las calles oscuras de Edimburgo, entrar en las casas de sus vecinos y robarles todas sus pertenencias.

            En el Museo de los Escritores de la capital escocesa, recorriendo las estancias dedicadas a Robert Louis Stevenson, uno puede imaginarse el primer encuentro con la dualidad del autor de El misterioso caso del Doctor Jeckyll y Mister Hyde. El armario que había en la habitación de su niñez había sido elaborado un siglo antes por William Brodie, un hombre muy respetado en Edimburgo, ebanista y cerrajero que llegó a presidir la Cámara de Comercio de la ciudad y a ser diácono y miembro del Consejo Municipal. Todo eso por el día, ya que por la noche y sin que nadie lo imaginara, se entregaba al juego, frecuentaba prostíbulos y robaba a sus conciudadanos más ilustres gracias a las copias que había realizado de las llaves de sus casas. Su ambición y la necesidad de mantener a sus dos amantes y cinco hijos ilegítimos le hicieron cometer errores como contratar esbirros que le ayudaran a cometer una cantidad mayor de robos. Uno de ellos le delató al ser capturado y eso supuso su fin en la horca que él mismo había mandado construir un año antes. Prohombre de día, ladrón de noche, una personalidad disociativa que fue el caldo de cultivo perfecto para que la imaginación exacerbada del pequeño Robert Louis Stevenson empezara a idear uno de los personajes más conocidos y fascinantes de la literatura.

            La historia del doctor Henry Jeckyll y de su alter ego Edward Hyde transcurre en Londres pero se gestó en Edimburgo, una ciudad que representa como ninguna otra el concepto de dualidad. Su mismo trazado está claramente dividido entre la ciudad medieval sucia, oscura y laberíntica (el old town) y la parte pulcra y ordenada (el new town), donde se trasladaron las familias adineradas cuando el hacinamiento y las condiciones de insalubridad se hicieron insoportables dentro de las murallas de la ciudad vieja. En un lado estaban los ciudadanos respetables, en el otro los condenados, pero como demuestra la historia del Diácono Brodie y el libro de Stevenson, eso era sólo en apariencia.

Un ejemplo más reciente de la dualidad de esta ciudad es la construcción del nuevo Parlamento escocés, en un extremo de la archiconocida Royal Mile. Esta calle recorre la milla de distancia que separa el Castillo de Edimburgo del Palacio de Holyrood, la residencia oficial de la reina de Inglaterra en Escocia. Esta última edificación encarna el sometimiento a la corona inglesa y en su tienda de suvenires podemos adquirir todo tipo de objetos relacionados con la familia real y su vida dentro del palacio. Justo enfrente de la entrada se encuentra el edificio del Parlamento, símbolo actual del sentimiento nacionalista escocés, del carácter indómito e irreductible de sus gentes. Aunque en el referéndum por la independencia de 2014 ganó el no, uno siempre tiene la impresión de que en cualquier momento cambiarán las tornas y que la otra cara de la moneda escocesa aflorará con fuerza. De hecho, recorriendo la Royal Mile para llegar a estos edificios encontramos algún recordatorio de que muchas veces las cosas no son lo que parecen, como un pub y un café con el nombre del Diácono Brodie, cerca de donde este tenía su taller. Lo que hoy parece blanco mañana puede ser negro, y viceversa; eso es lo atractivo de la dualidad: que nos permite imaginar casi cualquier cosa.

El armario de Brodie le seguía fascinando muchos años después. Robert se había convertido en todo un hombre, un genial escritor, para más señas. Una noche de principios de otoño de 1885 tuvo una pesadilla que desveló a altas horas de la mañana a su esposa Fanny. Ella, asustada, le despertó y se ganó una reprimenda: << –¿Por qué me has despertado? Estaba soñando un dulce cuento de terror>>, le dijo. Tres días después terminaba la primera versión de El misterioso caso del Doctor Jeckyll y Mister Hyde.

Lydia Rodríguez Bonete

Category: Lugares
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