Eli Lidia Fuengirola II

La semana pasada, Jorge nos sorprendió con un relato al más puro estilo Woody Allen, inspirándose en la película ‘Vicky Cristina Barcelona’. Si os quedasteis con ganas de saber cómo continúa esta historia protagonizada por my friend Elisabet y yo (y con una aparición estelar del propio Jorge), no os vayáis y contadme qué os parece la segunda parte.

Eso sí, leed antes la primera si aún no lo habéis hecho→ Eli Lidia Fuengirola I

¡Allá va!

Eli Lidia Fuengirola II

A Lidia y a mí nos encantaba viajar porque viajar implica descubrir lugares nuevos y comer. Sí, las dos somos de buen comer, aunque su paladar se ha quedado anclado en la adolescencia y tengo que insistir mucho para conseguir que coma algo de verdura. No obstante, ese día habíamos optado por una deliciosa mariscada frente a la playa. Nuestras vacaciones en Fuengirola estaban siendo estupendas y no había nada que pudiera acabar con nuestra diversión. Nada excepto un rubio cincuentón de acento germano, claro.

No sé cómo Lidia pudo ser tan insensata. Ella, feminista apasionada que odiaba los piropos superficiales, se dejó atrapar por las directas y estudiadas palabras de ese estúpido alemán. Mucho Benedetti había leído, me parece a mí. En cualquier caso, la cuestión es que Lidia quedó para cenar con aquel desconocido, el tal Günther de pacotilla. ¡Pero si tiene nombre de marca de neumáticos! A lo largo de la tarde, traté de convencerla para que no acudiera a la cita, pero fue en vano. De hecho, después de esa noche no volví a saber nada de ella. La llamé preocupada, pero no contestó. Simplemente me envió un mensaje con un muñeco ñoño de esos que sonríen, como para confirmarme que no estaba muerta en una cuneta. Con eso me bastó. Era mayorcita y yo no era nadie para vigilarla. Ya volvería a mí llorando con el corazón roto, ya…

Y allí estaba yo, sola en Fuengirola (juro que no he preparado esta rima) y sin saber en qué invertir mi tiempo. ¿Y si me dejaba de tonterías y volvía a Madrid? Lo medité durante unos minutos, pero acabé descartando esa idea. Después de todo, tenía el hotel pagado y muchas ganas de seguir disfrutando del clima soleado y de la cerveza de los chiringuitos. Sí, me iba a quedar. ¿Quién dice que una no puede divertirse sola?

Paella. Vino tinto. Calamares en su tinta. Parrillada. Gaseosa. Sopa de pescado. Ensalada de pollo. Limonada. Solomillo con salsa pimienta. Zumo de coco. Patatas bravas. Jamón serrano. Helado de chocolate y menta. Macedonia. Batido de frutas del bosque. Los días transcurrían deprisa mientras mis papilas gustativas saboreaban Fuengirola. Mis manos también tuvieron lo suyo. Primero fue Javier, un divertido malagueño de piel tostada que me llevó a conocer los lugares más bonitos de la localidad, como el castillo Sohail y la playa de los Boliches. Después llegó Pablo, madrileño de barba oscura en busca de aventuras aún más oscuras. Más adelante conocí a Seth, un turista británico de ojos claros que se parecía al actor Michael Fassbender. Y, por último, fue Antón, un gallego que me demostró que no hace falta venir al sur para hacer bien el amor porque en el norte también se apañan muy bien.

¿Qué? ¿Qué es lo que queréis saber? ¿Si acabé con Antón? ¿O si, por el contrario, regresé a los brazos de Seth? ¿Y si en realidad me enamoré del acento andaluz de Javier? Pues siento desilusionaros, pero no me fui con ninguno de ellos. En serio, aunque cueste creerlo, no encontré el amor en Fuengirola. Reí, tuve sexo, disfruté y aprendí de todos ellos, pero no descubrí a mi príncipe azul. Y, ¿sabéis qué? No me importa en absoluto. Porque un final feliz no tiene por qué ser junto a un hombre.

eli fuengirola

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Espero que os haya gustado y, Eli, quiero dejar claro que yo nunca te abandonaría en Fuengirola por un alemán. Ni siquiera por Daniel Brühl.

Gracias por describirme como una amiga cruel, ¿eh, Jorge? Yo no voy a ser tan mala y te voy a encargar un reto muy fácil. Aprovechando tu estancia en la Ciudad Condal, tu reto va a consistir en escribir un relato de extensión libre sobre Barcelona. Eso sí, lo harás desde la mirada del lagarto del Parque Güell. ¿O es una salamandra? Aquí hay más confusión que con los OSOS (que no gatos) del Teatro del Bosque de Móstoles.

Besos de Big Mac.

Lidia

Category: Viajar
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