En Canarias se alcanza el cielo con el alma

Los días se hacían largos, la isla me había entregado todo de sí -hasta ese momento-, necesitaba abandonarla ya, antes de sentir hastío por ella. Como solía pasarme con algunos hombres…cabecera_lpgc

En esos últimos meses había estado rondando una idea por mi cabeza y necesitaba mejorar mi inglés. No dudé un instante y llamé a Yolanda, tenía marcado su anuncio en el periódico de Las Palmas, sabía que en algún momento me decidiría y la llamaría. Quedamos en su casa y salí de ella con fecha de vuelo hacia Londres.

Mcanariase quedaban dos días más de isla; pinté el último cuadro y se lo dejé a Ismael, que iría a buscarlo al apartamento y se quedaría con el y los óleos, pinceles y demás materiales que había acumulado durante ese mes en el apartamento junto a la Playa de las Canteras.  Monté en el Smart amarillo y aceleré hacia Maspalomas, donde pasaría la última noche. La isla me generaba una sensación extraña, los límites estaban por todos lados, así me dirigiese hacia el norte, el sur, el este o el oeste, el mar me impedía seguir, por más gasolina que tuviese y eso me incomodaba bastante.

Esa noche me quedé hasta la madrugada e05locationn la piscina del hotel, con los pies sumergidos en el agua templada, mientras me dejaba hipnotizar por las estrellas que inundaban cada rincón de uno de los cielos más limpios que había tenido oportunidad de disfrutar. Siempre encontraba en el cielo, una ventana al infinito, el sitio en el que ni mis ojos, ni mi mente lograban encontrar límites y se sentían a gusto, como en casa. Mientras mis pies estaban en contacto con el agua que me transmitía calidez, mis ojos estaban puestos en el mar de estrellas, en las conjunciones de planetas, en la rapidez de los cometas,  en el trayecto de los aviones y vaya a saber una que cosas más se mueven ahí arriba. Las velas encendidas que iluminaban los centros de las mesitas del jardín del hotel, proyectaban dibujos sobre el agua, los portavelas estaban calados con estrellitas diminutas, las que crecían cuando la luz se proyectaba a través de ellas y se posaban ensanchadas sobre mis piernas sumergidas en el agua. Mi imaginación se disparaba, como suele suceder ante esos espectáculos, desbocada y sin freno. Encontrando historias en el aire y entrelazando argumentos que acababa de crear, para darle alas a los chorros de ideas que brotaban de mi cabeza, como si aquella vista y el contacto con el agua, despertasen algún tipo de consciencia capaz de generar un sin fin de ideas sin límites e interconectar a unas con otras, dando forma a teorías que, en ese momento y ahí: me resultaban simples y de una brillantez, que sólo al otro día, la luz del sol y el sabor del café, hacían que las viese hasta ridículas. Era hora de dormir, el sueño me estaba ganando la partida y las dunas de arenas doradas y tibias de Maspalomas, me esperaban mañana para revolcDunas de Maspalomas, Insel Gran Canaria, Kanarische Inseln, Spanienarme en ellas.

Pronto me dirigiría una vez más a un aeropuerto, volaría hacia el norte unas 4 horas, Londres era mi próximo destino y aunque no lo había pensado bien, se situaba en  otra isla.

 

Category: Viajar
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