GOD SAVE THE QUEEN

Los que me conocéis, ya debéis saber de esa obsesión que tengo por todo lo británico, desde las maravillosas series de la BBC, los tés de Twinings, mi idolatrada Jane Austen hasta cualquier objeto decorado con la Union Jack (el último fue un casco para la moto regalazo del señornovio).

Mi historia de amor con los ingleses se remonta a un viaje a Londres con el instituto a los 16 añitos, es bien sabido que con esa edad uno lo magnifica todo, yo la primera, pero lo cierto es que esa fascinación me sirvió para despertar mi curiosidad por la apasionante cultura británica. Y a partir de ahí, creo que siempre hay un lugar en el mundo al que queremos volver, una ciudad que nos roba el alma. La mía fue Londres. Confesaré que tanto quise volver, que en un período de 3 años visité el Reino Unido unas 5 o 6 veces. Llevé a mis padres y hermano y a unas cuantas amigas, en viajes por separado, por supuesto. Es cierto que esta fiebre mía con Inglaterra coincidió con ese momento histórico en el que Ryanair lanzaba billetes por 1€, la leyenda que algún día contaremos a nuestros nietos. Esa conjunción de factores hizo que cada vez que pisaba la ciudad me imaginara viviendo en Notting Hill en un futuro cercano, llenando mi casa de objetos comprados en Portobello, haciendo la compra semanal en Borough Market y llenando la casa de flores que compraría los sábados en Columbia Rd. No exagero, la adolescencia te permite soñar a estos niveles. Luego debí madurar, y en algún momento de lucidez mental me di cuenta de que tenía 18 o 19 años y ninguna posibilidad de pagarme ese nivel de vida. Ya me lo decía mi abuela de pequeña ¿pero Marina, tú has nacido para marquesa o qué? Entendí que mi historia de amor con la City estaba condenada al fracaso y que debía abrir horizontes, viajar y conocer otras ciudades y países y así, con la tontería, llevo 4 años sin pisarla. Tiempo suficiente para haber superado la ruptura.

Pasado el momento traumático del insight, la vida me llevó por otros caminos. Me fui a Milano de Erasmus, volví a mi querida Barcelona y, por cosas de la vida (y del amor), he acabado viviendo con vistas al mar. Y yo tan feliz. Aún así, de vez en cuando siento un pinchacito de nostalgia por ese sueño de adolescencia perdido que sobrellevo gracias a sentarme después de comer con una taza de té en la mano a ver las desventuras de los Crowley en Dowton Abbey.

Todo esto os lo contaba sólo porque en un par de meses exactamente voy a estar pisando otra vez suelo británico y no quepo en mí de gozo. Tal como marca el protocolo, he empezado a hacer mi lista de sitios a los que siempre vuelvo (véase el British Museum, la Tate Modern o las papelerías Paperchase) y otros muchos que aún me quedan por descubrir.

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PD: Este fin de semana laaaargo nos vamos a Madrid. Seguro que hay post a la vuelta.

PD2: Tengo un pequeño papel en un proyecto fantástico que ha lanzado mi amiga Andrea y su socia, se trata de Del Verbo Invitar, un servicio de Wedding Planner y Organización de Eventos cuidado al más mínimo detalle. Yo sólo escribo en el blog, y de vez en cuando, pero no dudéis en echarle un vistazo a delverboinvitar.blogspot.com.es.

Category: Viajar
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