Huevos a la copa

Hanoi, marzo de 2015

Estaba sola con mi sobrino de 9 años y teníamos un pijama party en su casa: con  pelis, pop corn y mucha soda–los papás llegarían tarde.

Mientras metíamos nuestro banquete al microondas, se me vino a la memoria un incidente que tuve en un viaje y empecé a contárselo:

Se ha hecho muy popular para los viajeros, la posibilidad de alojarse en residencias particulares en vez de hoteles. Las opciones son amplias, casas, departamentos, dormitorios, bungalows, etc. Los precios son magníficos en relación a lo que obtienes en un hotel, pero además de ello, tienes por lo general la experiencia y la colaboración del anfitrión o anfitriones a quienes les encanta conocer personas de todo el mundo.

Pues, yo había elegido una suite en un departamento muy bien situado y cómodo del cual eran dueños una joven pareja.

Un día, un poco cansada de los descubrimientos y sorpresas de la comida local, decidí preparar en el departamento unos huevos a la copa. Nada sencillo pensando que los iba a hacer en el microondas. No existe un manual o recetario que sea capaz de acertar el tiempo necesario de cocción, ése donde la yema debe quedar casi cruda y la clara, someramente sólida. No existe porque ningún microondas es igual, sus tableros tienen distintas potencias y su marcación de tiempo, también puede ser confusa.

El hecho es que llené un pequeño plato hondo con agua, puse dos huevos y marqué dos minutos de tiempo de cocción.

—Ah, no te dije -mencioné a mi sobrino- que la pareja dueña del departamento había salido a hacer unas compras.

De repente, un sonido estruendoso me inmovilizó, la puerta del microondas se abrió por el impacto de los dos huevos que convertidos en el Big Bang, se expandieron en miles de partículas por todo el espacio—de la cocina en mi caso.

HuevosBigBang
Por suerte nada se había quebrado, pero me puse nerviosa imaginando a los amables anfitriones llegando a casa, así que con una pequeña toalla de cocina empecé a limpiar todo rápidamente, había clara (totalmente sólida) hasta debajo del congelador. La yema casi no se había expandido, se había estrellado en la puertecita transparente del microondas, y las cascascaritas… bueno, todo era un desastre.

Terminé de limpiar y en ese momento sonó mi teléfono, eran ellos, preguntándome si necesitaba algo pues estaban en el supermercado. Les respondí que no, y me dijeron que estarían en casa en unos 15 minutos.

Tengo tiempo, pensé. Puedo intentarlo nuevamente.

Mi sobrino puso cara de estupor. –En serio??, me dijo.

Nuevamente saqué dos huevos e hice mis cálculos: El recipiente era muy pequeño y el agua se había consumido, cambié el plato;  dos minutos era mucho tiempo, con uno sería suficiente.

El sonido y el impacto se repitieron, pero esta vez, los huevos, incluida la yema, habían saltado hasta el pequeño comedor de diario. La catástrofe era aún peor y el tiempo estaba en mi contra.

Si antes estaba nerviosa, esta vez estaba histérica. La pequeña toallita de cocina viajaba despavoridamente por cuenta superficie saltada de restos de huevo hubiera. No sólo fue limpiar toda la cocina y comedor de diario, sino lavar y limpiar el filtrador de restos que se acumulan en el fregadero de platos, cambiar la bolsa de basura en la cocina, salir a buscar donde se depositaba ésta, buscar bolsas de basura y… cuando estaba poniendo una nueva bolsa de basura, la puerta se abrió y llegaron ellos. Nada había pasado.

La carita de mi sobrino me acompañaba con toda su ansiedad mientras hacía mi relato, y cuando concluí se empezó a reír a carcajadas y de forma refleja me preguntó:

– Qué edad tenías??

No esperaba esa pregunta, cómo decirle que con casi 5 veces su edad yo seguía haciendo esas #%&& travesuras.

– Hace dos semanas cuando estaba de viaje respondí, un poco avergonzada.

Después de esa inolvidable noche con él viendo “Home”, que coincidentemente cuenta la historia de un pequeño y divertido extraterrestre al que llaman “Ohhh” porque cada vez que hace algo, comete muchos errores, pienso que debería haberle respondido de otra forma—son de esas respuestas que sueñas haberlas tenido en ese momento, pero que como ocurre usualmente, llegan con el tiempo y la reflexión. Esto es lo que me hubiera gustado decirle:

– Pequeño amado, me ocurrió hace dos semanas y de eso se trata la vida: De intentar. De asumir riesgos, de volver a intentar cuando fallas, y cuando realmente ves que tus intentos no llegarán a buen puerto, hacerte responsable y arreglar tus errores lo mejor que puedas.

– Hay dos reglas fundamentales en el camino de los intentos: no puedes hacerte daño a ti mismo, ni hacer daño a los demás con premeditación.

– No existe un tiempo determinado para intentar, aunque su naturaleza vaya cambiando en el tiempo, siempre elige intentar, cualquiera sea tu edad.

– El camino de los intentos es largo: a veces muchas curvas, a veces muchas rectas, pero cuando llegues a la meta (porque todos llegaremos allí) quiero que digas:

Uaaauuuuu!! Que carrera!.

Category: Viajar
You can follow any responses to this entry through the RSS 2.0 feed.Both comments and pings are currently closed.

Comments are closed.