Instante eterno en Mykonos

 

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Rocinando de nuevo, paseando por Mikonos un mes de abril de 1998. De crucero, cuatro horas a plena disposición. Perdidos, rodeados de un inmenso Mediterráneo azul, casas blancas,limpias, encaladas y listas para la llegada del verano. Relajados por el entorno apacible, silencioso, con el ruido de las gaviotas de fondo, de algún que otro ciclomotor de faena pesquera y un viejo Fiat destartalado. Alejados del bullicio del verano. Lloviznando, recorriendo mundo, Rocinando. Atrás queda el azul intenso de alta mar. Solos, de paseo por la isla del amor homosexual, de los Siete Pecados Capitales, de la lujuria. Calles estrechas, el ladrido de un perro sin dueño. Escondido tras las casas y asomando por los callejones como paisaje de fondo, nuestro barco de ensueño que nos devolvería de regreso al Pireo, Atenas, la capital de la Grecia Clásica y la contemporánea. La lancha nos espera. El azul intenso del océano nos recoge y nos empuja a bordo del barco. ¡Hasta otra! Isla de la pasión, isla de la calma, del joven aventurero y el viejo pescador… Hasta otra.

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Category: Cruceros
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