Japón: Día 8.

Antonio Zapfe

Antonio Zapfe

Desde mi visita en el 2011, Japón seguramente ha cambiado de maneras imperceptibles para mí. De hecho, me sorprende por las mismas razones que me sorprendió la primera vez, probablemente igual o menos, pero el tiempo borró casi completamente mis primeras impresiones para renovarlas con la misma sorpresa infantil.

Los baños, sí, lo que más me sorprende son los baños. Especialmente el de mi nuevo departamento, que es, por cierto, absolutamente nuevo. Los baños son lo más futurista de Japón, incluso el del hotel viejo y relativamente barato en el que me hospedo por tres noches en Mito. Los baños son cápsulas del tiempo, compartimentos de naves espaciales, prefabricados, construidos a la perfección sin hendiduras, ni grietas, ni materiales terrenales o descifrables. Son de plásticos, acero inoxidable, aluminio; inmaculados y precisos. Realmente me divierten: fantaseo como un niño jugando a que me ducho en una base espacial, en algún planeta distante. El calentador del agua, la estufa y el aire acondicionado que tanto destruye mi garganta me entenderían si yo pudiera leer más kanjis y definitivamente me responden con la voz calma y formal de una chica japonesa tal vez de unos 25 años o de un robot. Nunca lo sabré, pero al menos una vez me sorpendieron mientras me bañaba, preguntando posiblemente si la temperatura era la adecuada o advirtiéndome que el agua estaba demasiado caliente.

Hay cosas que funcionan extremadamente bien, por ejemplo, la recolección de basura. La responsabilidad obviamente es de todos y el estado lo sabe, la gente lo asume con docilidad. La basura se entrega limpia, lavada, sin residuos y sin materiales ajenos al grupo. Los lunes, miércoles y sábados todo lo “quemable” o no reciclable (que incluye de por sí muchas cosas que también podrían ser compostadas, reutilizadas o recicladas); los martes las latas de aluminio y latas metálicas; los jueves las botellas de pet, comprimidas y sin etiquetas; el tercer viernes de cada mes la ropa y papel reciclables; la basura grande es por llamada; el segundo martes del mes materiales cerámicos y vidrio; etc.

Sin embargo, la responsabilidad termina en el corto alcance de nuestra vista: no sabemos de dónde vienen tantas y tan convenientes en todo momento bolsas de plástico, para guardar el paraguas al entrar al interior de un edificio, para el pan al vapor que compramos, para las compras del súper; no sabemos de dónde viene el pescado, el pollo, la carne, y la soya que comemos ni que impacto tiene su producción e importación; tampoco sabemos de dónde proviene tanta electricidad para la calefacción, las alfombras eléctricas, los trenes, los malls, los hermosos trenes.

El japonés es “felizmente” consumista, amorosamente jerárquico, apegado a un orden que funciona en su escala. En Japón, como ya es bien sabido, coexisten los costosos lastres y hermosas tradiciones culturales con mis baños de astronauta, consumismo inagotable, amor por la naturaleza y las cosas sencillas de la condición humana.

Category: Viajar
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