La eterna despedida o mi rincón favorito de Brasil

Viajamos para sentirnos libres. Libres del camino marcado, libres de la rutina, libres de las expectativas y de las frustraciones… Libres, sobre todo, de las personas en las que todo eso nos convierte. En el viaje, marcamos nuestro propio camino, creamos nuestra rutina y gestionamos nuestras expectativas y frustraciones. En el viaje, nos inventamos y reinventamos cada día que pasa. Somos, por ello, libres… Pero también enteramente responsables.

Viajar solo cansa. Cansa porque cada instante somos responsables de marcar nuestro camino, de crear nuestra rutina y de gestionar nuestras expectativas y frustraciones. Cansa porque cada día somos responsables de  inventarnos y reinventarnos. Y, sobre todo, cansa porque lanzarse constantemente a lo nuevo supone alejarse constantemente de lo viejo. Cansa porque nos vemos inmersos en una eterna despedida. Decimos adiós a sitios que nos gustaban, a personas que nos gustaban, a playas que nos gustaban, a bares que nos gustaban, a comidas que nos gustaban, a animales que nos gustaban, a experiencias que nos gustaban… Decimos adiós, continuamente, a una rutina que empezábamos a apreciar.

A Ilha Grande llegué con ese sentimiento. Después de un mes y medio de viaje, estaba un poco desorientada y cansada, con la mochila cargada de vivencias y despedidas. A Ilha Grande, claro, se llega en barco. Se llega en barco acompañado de turistas, de isleños que viajan al continente para aprovisionarse de grandes cantidades de los productos más básicos y de gente cuya historia no somos capaces de imaginar. A Ilha Grande se llega con los ojos muy abiertos, con la emoción que produce ver surgir esa masa selvática entre las olas del mar.

La llaman la Isla Grande, pero bien podrían referirse a ella como la Isla Bonita, la Isla Verde, la Isla Salvaje, la Isla Mágica… Para mí, es la Isla. Mi isla. Mi rincón favorito de Brasil.

El lugar en el que caminé y hasta me perdí en la selva, en el que dormí en la playa, en el que bebí y bailé, en el que escuché música y leí, en el que conocí a gente de todos los rincones de Sudamérica y hasta de mi propia España.

El lugar en el que me despedí de todo ello. Del viaje en solitario y de las peores y mejores versiones de mí misma. De todas las personas y las experiencias y las sensaciones dejadas atrás. De todos los caminos marcados, las rutinas, las expectativas y las frustraciones superadas.

De Ilha Grande me despedí con lágrimas. Me despedí con el corazón roto. Me despedí con el sueño de volver algún día.

[Imagen de portada: Laura Kvaternik]

Category: Viajar
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