Londres, la prueba de emprender vuelo

Foto: ARGJ

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PARTE I

Por: Ana Rosa Gutjim

Londres se ubica entre las ciudades más emblemáticas del mundo, además de sus atractivos turísticos, cuenta con universidades de gran prestigio y es semillero de muchos artistas y representantes de la música contemporánea, en especial del rock y el pop; pero también es toda una experiencia retadora para algunos viajeros.

Para mí además ha representado una de las pruebas más significativas para mostrarme a mí misma de lo que se es capaz cuando se hacen a un lado los prejuicios y los miedos y se decide viajar solo. Mi intención primaria era viajar a  Madrid para visitar a una amiga, pero al momento de acudir a la agencia y recibir la oferta de un vuelo más económico, con permanencia obligada de dos días en Londres,  fue fácil decir que sí.  Se trataba de una de las ciudades más importantes y cómo negarse si de todos modos, el pasaje resultaría de menor costo y me garantizaba el regreso a casa.

El itinerario de ida era: México-Londres-Madrid; el de regreso: Madrid-Londres, dos días después Londres-México. La llegada al viejo continente ocurrió sin mayores contratiempos y la ilusión de iniciar la nueva aventura apagaba cualquier temor o visión pesimista de cualquier detalle.

En Madrid conocí lugares obligados para el turista, pero además tuve la gran ventaja de contar con guías por demás comprensivos y gustosos de mostrarme su ciudad, ya que se trataba de los mismos anfitriones y parientes de mi amiga visitada.

La prueba más fuerte estaba por venir cuando antes de regresar a casa, tocaba pasar por la ciudad inglesa de la que muchos en mi país hacían referencia como un lugar de personas con mala actitud hacia los latino, un sitio donde el inglés es pronunciado de una forma tan especial e incomprensible y donde la gente no tiene paciencia para explicarte.

La bienvenida:

Migración es la zona menos deseada por cualquier viajero. Aunque bien señala el dicho: “el que nada debe, nada teme”, sabemos que ese trámite de registrar nuestra llegada a un país que no es el nuestro, es uno de los momentos tensos  porque estamos sometidos a cuestionamientos para justificar nuestra presencia en tierras lejanas.

Mi primera experiencia en el módulo de migración digamos que fue aprobada, pero sí fue la primera muestra de  la actitud impaciente de una inglesa, la mujer que me entrevistó. Y es que, después comprendí que ante una problemática constante como es “la trata de blancas”, las autoridades migratorias no se andan con rodeos y lo único que veían en ese momento era a una  mujer de entre 25 y 30 años, latina y viajando sola; el perfil perfecto para sospechar que “alguien” me enviaba para lucrar con mi persona. No obstante, sin ser una perfecta parlante del inglés, logré responder a cada pregunta de la señorita agente y no entré en pánico ante sus insistentes y duros gestos.

Prueba migratoria, superada;  la siguiente era hallar mi equipaje después de haber pasado tanto tiempo en la entrevista de llegada. A primera vista, la banda donde debía aparecer mi maleta lucía ya vacía, y fue entonces cuando comencé a preocuparme y pensar con temor ¿qué pasaría si me quedaba sin equipaje?, viví segundos de pánico hasta que una voz dentro de mí dijo: “¡cálmate!, pregunta a los guardias o en los módulos de la aerolínea”. Total, la primera opción resultó a mi favor, un empleado del lugar vio mi número de vuelo y me aclaró que habían cambiado de banda para entrega de equipaje, y fue entonces cuando vi la luz y a mi maleta solita ahí esperando por mí.

Continuará

 

Category: Viajar
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