Los pequeños detalles que despiertan a un viajero

Picture5A lo largo de mi vida y desde que tengo uso de razón, he viajado por México visitando a familiares, amigos o conocidos. Desde pequeño crecí con la tradición de visitar a las personas cercanas y de vez en cuando a las que no lo son, tanto. Mi padre siempre ha tenido el gusto por manejar en carretera y los domingos tomaba cualquier pretexto para salir a algún lado cercano, muchas veces al cerro como día de campo entre terracerías. De esta manera es que he ido acumulando experiencias y anécdotas de los muchos viajes que he realizado: unos cortos y otros no.

Picture4Recuerdo una vez que salimos de día de campo. Mi padre había comprado una Combi vieja con la intención de mover carga de calzado en ella, sin embargo en días resientes a la compra, decidió estrenar su nueva adquisición con una visita al cerro y hacer carne asada. Eran días de verano y se esperaba que lloviera, sin embargo no fue motivo para no hacerlo. Salimos por la mañana de la casa y fuimos a almorzar unas quesadillas de guisado típicas de la zona del Bajío. Después de desayunar, fue que tomamos rumbo hacia el Cerro del Gigante, uno de los más altos de la zona.

La mencionada Combi no disponía de asientos traseros pues era para carga y los delanteros estaban rotos. No tenía aire acondicionado ni ventilación, a excepción de las ventanas. Tenía alguno que otro hoyo en el techo, pero era muy divertido ir parado detrás del asiento delantero, agarrado del respaldo para no caerte en el zangoloteo de la terracería.

Picture2Llegamos a una zona que se le llama el “Ojo de  agua”, una presa pequeña muy antigua a donde la gente de los alrededores solía ir los domingos a hacer su día de campo. Mi padre al ver ese lugar lleno de gente y por alguna otra razón, comenzó a preguntar a las personas que pasábamos, sí alguna de ella sabía si por ahí vendían pulque. No recuerdo del todo, pero logramos dar con una casita lejana, de esas que ya es difícil encontrar con su sembradío de maíz seco por la temporada que ya había acabado, unos perros flacos cuidando con ladridos de quien se acercara y una tiendita anexa a la construcción de la casa. Ahí, existía (pienso que ya no) un viejecito que vendía pulque, al cual mi papá preguntó cómo llegar a la punta de aquel cerro, “El Gigante”, a lo que el señor le mencionó los caminos que habría que recorrer para poder llegar allá. Lo intentamos, pero no llegamos nunca hasta a la punta, pues por alguna razón siempre los aguaceros nos lo impedían. Lo digo de esta manera, pues no fue la única vez que lo intentamos, pero regresando a esta misma ocasión, tomamos los caminos y comenzamos a subir después de comer y de beber algunos litros de pulque. La emoción era mucha, pues la Combi era muy vieja y a veces se sentía que el motor no alcanzaba para subir tremendas lomas llenas de rocas y hoyos o que en cualquier momento se quedaría a mitad del camino, pero no fue así. De pronto comenzó a caer la lluvia poco amenazante, después la amenaza llegó. Mi papá decidió mejor regresar a petición de mi mamá, pues mi hermano menor era un bebé de algunos escasos meses de nacido. La lluvia cada vez era más fuerte y no parecía que hubiera personas cercanas a esas alturas del cerro. Picture3Comenzamos a tomar el camino de regreso. La preocupación ahora era que la Combi no se atascara. En algún momento pensamos que los cristales se empañarían debido a la falta de ventilación o aire acondicionado, por lo que se tenía que dejar los cristales abiertos por donde se metía la mitad de la lluvia y la otra por los hoyos del techo. Llegamos de nuevo al “Ojo de agua” y la gente había desaparecido; tuvimos que regresar a casa… Realmente fue una experiencia que nadie en mi familia olvidamos y que recordamos con mucho agrado entre risas y carcajadas cada que lo recordamos.

Picture1De este modo es que fui creciendo y tomando el gusto por conocer México, además del gusto por estar cercano a mis familiares y tradiciones que vivimos muy de cerca. Así es como me he ido enamorando de México y su gente; así he desarrollado una gran pasión por acumular kilómetros y ver nuevos atardeceres y amaneceres, selvas, bosques, playas, desiertos y demás.

 

Artículo por: José Alfredo Vázquez Lara

 

Category: Viajar
You can follow any responses to this entry through the RSS 2.0 feed.Both comments and pings are currently closed.

Comments are closed.