Mi viaje

La idea de armarme un Blog surgió por dos razones. Primero, porque cuando pensaba en dejarlo todo para viajar leía muchísimos blogs: necesitaba sacarme el miedo, saber cómo vivían los trotamundos, confirmar que se puede viajar sin dinero, conocer las ventajas y los riesgos de hacerlo sola. Quizá no me hubiera decidido de no haber encontrado en la red a personas que, sin conocerme, sin siquiera saber que las leía, parecían haberme dedicado cada uno de sus escritos. Pensé entonces que yo también podía ayudar a otros a través de un blog y que lo mejor era empezarlo antes de viajar, en plena organización.

Segundo, para tener un registro de lo que me pasara y ocupar mi cabeza con algo vinculado a los viajes, de modo que la espera no se hiciera interminable. En verdad resultó mejor de lo que esperaba, porque no sólo no estoy ansiosa sino que el tiempo pasa más rápido de lo que hubiera creído: falta muy poco para irme, y aún me quedan cosas sin resolver por estar muy abocada al Blog, al Facebook y a Instagram. No me quejo: descubrí que me divierte escribir, que me gusta contactarme con personas a través de este medio y que, aunque de seguro no viviré de esto, me abre puertas, me enriquece, me hacer pensar.

Como varias personas me hicieron la misma consulta, decido contarles cómo tomé la decisión de viajar y qué idea tengo en mente. Aunque siempre quise hacer un viaje sin pasaje de vuelta, algo me frenaba y hoy reconozco que era miedo: me parecía demasiado riesgoso alejarme de mi familia, de mis amigos, y renunciar a mi trabajo que, si bien no me apasiona, me da seguridad y me permite hacer cosas que disfruto. No me consideraba, por otra parte, capaz de viajar sola, y con apenas una mochila. Pero, en todo caso, algo me faltaba y creo que la única forma de encontrarlo es a través de lo que me apasiona: viajar.

Durante años intenté conformarme con lo bueno que tenía, y hasta utilicé eso como excusa para quedarme en mi lugar. Pero la esencia de las personas es siempre la misma, y está ahí, aunque intentemos negarla, por lo que un día caí en una fuerte crisis existencial que me llevó a subir sola a un avión rumbo a Brasil. No me canso de decir que ese viaje fue revelador: conocí personas que me cambiaron la forma de ver las cosas, descubrí que era más extrovertida y flexible de lo que pensaba, que podía sola, y que necesitaba muy poco para ser feliz. En fin, tres semanas de pura reflexión.

Volví a Buenos Aires con la idea de venderlo todo e irme al día siguiente, pero esperé tranquilizarme, ver qué me pasaba con el correr del tiempo, porque sé que soy pasional y que más de una vez sufro las consecuencias de actuar por impulso. Mientas me acusaban de loca, aumentaban mis ganas de viajar. Al principio pensé en estudiar afuera, y hasta averigüé para conseguir una beca: de esa manera podría viajar sin perder mi tiempo y dejaría a todos tranquilos. Después, en un arrebato de lucidez, decidí a viajar por el sólo hecho de viajar: otra vez el miedo me hacía planear afuera una vida muy parecida a la que tengo en mi ciudad.

Así fue como decidí organizar mi viaje, sin tiempo ni destino fijo, para principios del 2016: como no me gusta que el tiempo pase, y como además mi cumpleaños es el 20 de enero y odio sentir que cada día soy menos joven, intento que cada año nuevo sea distinto, con algo que me sorprenda, que me movilice. Por otra parte, dado que me cuesta salir de mi zona de confort, necesitaba ponerle fecha final a la organización de mi viaje: en enero viajaré pase lo que pase, sea cual fuere mi situación económica, amorosa, anímica o laboral.

No sé si es casualidad, si el Universo nos da siempre lo que necesitamos o si soy yo la que en definitiva siento que al fin es mi momento. Si bien tengo toda mi energía focalizada en viajar la realidad es que mi situación no dista mucho de la que tenía cuando tomé la decisión del viaje: aunque en mi trabajo me ascendieron y gano más dinero, todavía no encontré allí una pasión; pese a que me crucé con personas que me gustaron, ninguna hizo que me replantease el viaje y, hasta cuando lo más siniestro de Buenos Aires de golpe me parece maravilloso, tengo más ganas que nunca de viajar.

Como dije, necesito tener las cosas bajo control, pero con la contradicción de que soy muy dispersa, tanto que, por momentos, tengo la sensación de estar en todos lados y en ninguno. Por eso armé un listado interminable con todo lo que tenía que hacer antes de viajar, y por eso también cumplí con muy pocas de las cosas que están en él: fui al dentista y a diversos médicos, me di algunas vacunas, vendí casi toda mi ropa, ya sé dónde voy a ubicar mis muebles, avisé en mi trabajo que renunciaría y un sinfín de etcéteras, pero todavía no resolví algunas cosas esenciales.

Una de esas cosas esenciales que me faltaba resolver era el destino inicial. Con la idea de empezar mi viaje por Australia, avancé con algunos trámites para obtener la visa de trabajo. Un lugar seguro, ordenado y con muchas ofertas laborales parecía ser el punto de partida perfecto para toda mujer dispuesta a viajar por el mundo sola y con poco dinero. Pero algo no me cerraba: mi corazón insistía por empezar por América, por el continente en el que nací, que me vio crecer, y por el que a fin de cuentas despertó, con sus hermosos paisajes y su diversidad cultural, mi pasión por viajar.   

Dicen que es difícil generar ingresos en países subdesarrollados, soportar la soledad en medio de la pobreza, de la injusticia. Dicen, también, que para viajar por América una debe estar atenta a las pocas pertenencias que carga, relegar comodidades, ser flexible. Pero el tiempo corre, tengo que definir por dónde empiezo y, ya lanzada a emprender semejante movida, lo menos que puedo hacer es sacarme las ganas de hacer lo que siento: voy a empezar mi viaje por Bolivia y avanzar por tierra en dirección al norte hasta que me canse, me quede sin dinero o empiece el verano en Europa y cruce el charco para probar suerte allá. Después de eso, la verdad que ni idea.

Category: Viajar
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