Paseando por Hanoi por primera vez

De Hanoi tuvimos distintas perspectivas. La primera fue buena. La segunda, mala. La tercera, estupenda.

Al llegar fuimos a un hostal situado a las afueras de Hanoi y muy cerca del aeropuerto, ya que habíamos llegado a las 5 de la tarde y al día siguiente teníamos que coger un vuelo interno hasta Hué. Empezamos a caminar por las calles llenas de vida, de gente, de comida, de animales vivos y muertos… Y paseando por el barrio, encontramos una fiesta. Era una fiesta, seguro: había gente arreglada, con música, comiendo, bebiendo… había flores y estaba todo decorado con banderitas de Estrella Damm xD. Alguien del grupo habló sobre la posibilidad que aquello fuera un entierro. Pues si lo era, no me parecería mal acabar de esta forma.

Pasamos por un mercado en el cuál había de todo: carne, pescado, fruta, verdura, especies, legumbres, ropa… Nos miraban divertidos y con curiosidad, seguramente pensando que hacían por allí aquellos extraños: dos chicos con carba y dos chicas en pantalón corto enseñando sus piernas “blancuchas”. Y durante el paseo, pasamos por delante un local que parecía un bar. Era como un patio cubierto, de obra, con mesas y sillas de plástico y autóctonos dentro. Nos paramos delante, mirándolo, porque con el calor que hacía, estábamos muertos de sed. Y fue suficiente. A pesar de que nadie del local hablaba inglés, insistieron mucho para que entrásemos dentro y nos sentáramos a tomar alguna cosa. Los parroquianos del local nos hicieron sentar en la mesa situada en medio del bar y le pidieron a la chica que servía que nos trajera unas “cold beer”, las dos únicas palabras que nos dijeron en inglés.

Nos observaban riendo mientras la camarera nos servía las cervezas y unas tapas que alguien decidió por nosotros que nos comeríamos. La primera eran cacahuetes. Pero al contrario de como nos los habíamos comido toda la vida, los cacahuetes no eran tostados, sino crudos. La segunda, fue toda una aventura. Se trataba de unos pequeños fardos de hojas duras, ligados con unas gomas “de pollo”. Entre nosotros íbamos hablando sin tocarlas, debatiendo como nos teníamos que comer aquello, mientras éramos el centro de todas las miradas. Finalmente, uno de nosotros se atrevió a cogerlo, quitó las gomas para saber si había alguna cosa dentro… Los espectadores se alegraron que lo hiciéramos y nos mostraron que el tipo de fuet crudo que había dentro se tenía que mojar en una salsa que nos habían traído y… ¡pa’ dentro! Así lo hicimos. Y nos trajeron otra cerveza… Cerveza que salía de un bidón de estos de plástico rellenable. Por lo tanto, estábamos cumpliendo al perfección todos los consejos sobre viajar en un país asiático: ¡no comer cosas crudas y beber todo embotellado!

Antes de irnos del local, hicimos amigos, los cuáles nos enseñaron unos vídeos del Youtube mientras se hartaban de reír… Lástima que fueran en vietnamita y nosotros no entendiésemos absolutamente nada de lo que estábamos mirando… Llegó la hora de pagar. Nos dijeron alguna cosa que no comprendimos en vietnamita y nosotros sacamos tímidamente un billete… el que creímos conveniente por lo que habíamos tomado. Y les pareció bien. Incluso nos devolvieron dinero.

Vietnam 2017 Hanoi.jpg

Category: Viajar
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