Quiero quiero pero no me atrevo

Emocionate

Los correos que recibí cuando vivía en el extranjero, casi siempre seguían el mismo formato: “Déjame nomás ahorro tantito y vas a ver que te voy a alcanzar; la neta se ven increíbles tus fotos, y yo muero por ir a Asia. Pero a ver, explícame cómo le haces ¿no?” La verdad es que a mí me emocionaba muchísimo que alguien a lo mejor me fuera a visitar y me pasaba horas explicándole a amigos, amigos de amigos, primos de amigos, primos, conocidos de alguna fiesta, etcétera cómo es la vida en Asia, cuánto tienen que ahorrar para ir, lo increíble que se la pueden pasar, y que si…si de verdad quieres viajar o vivir en Asia es perfectamente posible que lo logres.

Después de meses de intercambiar correos en donde las preguntas se volvían cada vez más complejas y mis respuestas más largas, irremediablemente recibía un mensaje que decía “lo siento, mil gracias por tu ayuda, pero es que ya me di cuenta que lo mejor para mi es enfocarme en mi carrera y ahorrar. Pero pues igual y algún día lo haré.” Al principio me frustraba mucho e intentaba convencer a las personas que no es necesario dejar todo atrás e irse a vivir a otro continente “nomás porque sí, porque hay que vivir una vida de aventura” a lo mejor lo de ellos es tomarse un tiempo de un mes para viajar, pero después fui aprendiendo.

Las preguntas en general eran similares ¿me recomiendas Phuket? (La respuesta es ¡No!), ¿qué conviene más entre Shanghai y Hong Kong? ¿Pero cómo le voy a hacer para trabajar por allá? ¿Hablan inglés? ¿Qué onda con Singapur, dicen que está increíble no? (ehhhmm….pues no, la verdad yo preferiría Tokio); ¿En Asía qué tipos de bancos hay? (alguien me preguntó que si hay un Banamex) ¿cómo le hago con la visa? Al grado que decidí crear un machote, el cual podría ajustar ligeramente dependiendo de la persona.

Poco a poco fui entendiendo que, a mayor cantidad de preguntas hechas por una persona, menor la posibilidad de que esa persona comprara un boleto de avión, empacara sus cosas y se fuera de México ya sea para un paseo o para una mudanza definitiva. En una charla con una amiga de un amigo que quería, junto con su pareja, irse a vivir a Asia “con tal de cambiar de aires un poco” (ellos eran de Nueva York) comenzó a preguntarme cosas como “¿estás segura al cien por ciento que tú me puedes conseguir un trabajo que me va a dar para vivir bien, viajar a lugares padres y además ahorrar para mi futuro? ¿Si voy a Camboya estás segura de que podré tener buenos estándares de vida?” Mi respuesta fue “no” y ahí fue cuando me di cuenta de que, para ella, es muchísimo más importante sentir seguridad que libertad. Después de cuatro meses de platicar durante horas por Skype, ella y su pareja decidieron mudarse a Singapur por 6 meses con contratos que pertenecían a la misma empresa con la que trabajan en Nueva York. Me di cuenta, de manera inequívoca, que si en el fondo una persona necesita seguridad y estabilidad, jamás tendrá una vida llena de aventuras sin cesar. Asímismo, una persona que ama la libertad y los retos pocos convencionales, nunca tendrá la quincena segura, casa grande y prestaciones empresariales que tienen todos sus amigos que optaron por un camino más tradicional. Ahora, aclaro, siempre hay caminos intermedios. Tal como la gente que es libre a nivel financiero, viaja mucho y trabaja mucho en lo que más le encanta. Ningún camino es mejor que otro, simplemente es diferente.

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Al escribir esto no quiero sonar sangrona, la meta no es echarle tierra a las personas que dicen que van a viajar y que no lo hacen, a las personas que prefieren llevar su vida por una trayectoria segura, estable y en un solo lugar. Esa decisión es personal, válida y muy respetable; en ningún momento pretendo declarar que mi forma de hacer las cosas es mejor. Todos tenemos la libertad de elegir cómo vivir, y es (espero que sin sonar demasiado cursi o metafísico) en lo que me quisiera enfocar. Es más bien para las personas que sueñan con irse de viaje (ya sea para experimentar algo nuevo, o escapar de un problema que tienen).

Si tu sueñas con viajar pero pasan los meses o años y no has ido a ningún lado, seguramente es porque te has dado cuenta que construir una vida en el extranjero no es tan sencillo como parecía. La barrera del idioma, las diferencias culturales, la ausencia de familia y los amigos, el temor a que se te acabe el dinero que tenías ahorrado más rápido que lo pensado, que te critique tu círculo social por hacer lo que estás haciendo y la falta de seguridad son todos factores que contribuyen a que te mueras de miedo y decidas que estás mejor sentadito en tu oficina que buscando trabajo en Kioto o algún otro lado que te suena exótico.

Por supuesto que ir a buscar suerte al extranjero y además conseguirlo (y no pasártela de vago en una playa) requiere de muchísimos pantalones. Es triste ver que mucha gente prefiere justificar ante ellos mismos el renunciar a ese sueño, que ir tras él por miedo a las consecuencias. Pero quiero dejar algo muy en claro: si tus ganas/ambición por expandirte y vivir algo diferente no es mayor a tu miedo nunca ¡pero nunca! Lo vas a lograr.

En la mayoría de los casos, esas ganas que sientes de viajar, son en realidad ganas de sentirte vivo, de querer saber hasta dónde puedes llegar, curiosidad de qué tipo de emociones eres capaz de sentir y cuál es tu límite en cuanto a la aventura. Si es así, creo que lo más importante es ver nuestro compromiso con nosotros mismos; el decidir firmemente que vas a hacer de tu vida lo que se te de la regalada gana y vivirlo al absoluto máximo. Para eso, uno no tiene que ir a los Himalayas a buscar respuestas filosóficas a todas las preguntas, sino que gozar cada día al máximo y dejar de tener flojera en cuanto a nuestros propios proyectos y nuestras vidas. Al dejar a un lado el proyecto de ir de viaje, mucha gente deja a un lado también las ganas de sentirse diferente, de vivir de una forma más intensa o despierta, cuando en realidad eso se puede lograr desde el sillón de tu casa con tan sólo echarle un poco de ganas a tu propia felicidad.

Al leer esto, espero que si realmente te quieras ir de viaje, no te convenzas a ti mismo de que no es posible, que es un sueño guajiro perteneciente a personas que tienen oportunidades diferentes a las de uno mismo. Haz lo que tengas que hacer para lograr visitar esos lugares, decididamente vale la pena; en diez años te vas acordar más de las anécdotas de tus viajes que del miedo que te daba hacerlo y del pleito que te aventaste con tu jefe cuando pediste permiso de irte de vacaciones.

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Al volver a leer esto, siento que me en los siguientes meses me voy a tener que tragar mis propias palabras. Acabo de llegar a una ciudad que no conozco en lo más mínimo a probar suerte, a intentar establecer nuevos contactos, vivir de una forma que me haga feliz a pesar de que a veces me siento súper frustrada y completamente perdida. Para mi, es hora de comenzar a crear algo nuevamente desde cero y no quisiera caer en la hipocresía de nos seguir mis propios consejos, por lo que intento recordarme a diario que crear oportunidades es más cuestión de ganas que de suerte.

Category: Viajar
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