República Checa express

Dejamos Cieszyn con las energías renovadas gracias a Radek y a Marisya; y nos dirigimos a la capital, a la que llegamos en cuestión de unas 4 o 5 horas.

Praga

Llegamos a esta gran ciudad de historia milenaria a eso de las 11 de la mañana, y tras acordar que no podíamos pasar la noche allí, decidimos visitarla rápidamente y abandonarla por la tarde para buscar un sitio más cerca de Alemania donde dormir.

Así que mochila al hombro, cordones atados y a patear.

Una anecdotilla curiosa del día fue, valga la redundancia, el día en el que llegamos. Eran las 24 horas más calurosas del año en República Checa, y nos esperábamos lo peor a la hora de visitar Praga. Para nuestra sorpresa, era bastante difícil pasar calor: resulta que había numerosas personas (pagadas por el ayuntamiento o por empresas privadas) que estaban en plena calle sosteniendo mangueras enormes y su trabajo era… mojar al personal. Hasta nos encontramos camiones de bomberos repartiendo agua por ahí:

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  • Impresiones rápidas: los edificios y sus calles

Lo cierto es que de las ciudades en las que hemos estado, Praga ha sido la más impresionante de todas ellas. Aunque sigue manteniendo el estilo europeo del que hemos hablado ya antes al comentar ciudades como Zagreb o Budapest, ésta eleva al máximo exponente cada detalle que aumente la grandiosidad del lugar. Nunca hemos visto tantos frescos en edificios o en iglesias, ni tantas estatuas juntas por la calle, ni tantos bustos tallados en verjas, ventanas y balcones.

Aunque, por lo que hemos visto, parece predominar el estilo gótico (visible en la mayoría de sus catedrales, hasta para no expertos como nosotros), nunca se podría determinar el estilo general de toda la ciudad; ya que en casi igual medida tenemos edificios renacentistas y barrocos. Nos encantó la Catedral de San Vito, de las que son las siguientes tres fotos: la veníamos viendo desde que empezamos a andar (puesto que estaba en la parte más alta de Praga) y fue duro subir tooooodas esas escaleras, pero mereció la pena.

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Tras andar mucho, nos dimos cuenta de que la ciudad era un entramado irregular de calles con muchas plazas entre ellas. Fue difícil encontrar calles tipo avenida ancha y espaciosa; y fácil perderse si no se usaba algún edificio enorme como referencia, debido a la disposición de las calles: no manejaban mucho los antiguos bohemios el concepto de perpendicularidad.

Nos gustaron mucho las construcciones modernas y la manera en la que mezclan lo antiguo y clásico con lo nuevo y contemporáneo. El ejemplo más claro que pudimos encontrar fue el metro; donde cada estación era distinta y nos podíamos encontrar diseños como este:

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  • El turismo masivo

Evidentemente, en una capital como es Praga, en el centro de europa y con tantos años de historia, nos íbamos a encontrar con esta cantidad de turismo. Ya veníamos imaginándonos una cosa así, puesto que mucha gente nos había recomendado ir a Praga y no ir en verano, pero estando aquí al lado… ¿Cuándo si no?

El gran problema del tipo convencional de turismo y de que encima, se encuentre tan masificado en una ciudad, (aparte de que básicamente no conoces cultura autóctona, sólo ves edificios y edificios) es que no puedes disfrutar bien de la misma ni apreciar todos sus detalles. Un ejemplo muy claro de esto es la visita al Puente Carlos en pleno verano: no lo visitas a él, lo que visitas es gente. No puedes pararte delante de las estatuas ni puedes observar el estado original del puente porque lo único que alcanza la vista a ver es turistas, turistas y más turistas.

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Pero bueno…

Finalmente abandonamos Praga para llegar a Cheb, el último pueblo de la República Checa antes de la frontera con Alemania.

El estado de Cheb

Praga y Cieszyn, las otras dos ciudades checas que habíamos visitado, eran preciosas y estaban en perfecto estado. Aunque la gente en general era bastante antipática y desconfiada (con algunas excepciones, como ya hemos comentado), esperábamos encontrar lo mismo o algo quizá mejor, debido a la frontera tan cercana con esta potencia mundial que es Alemania; pero para nuestra sorpresa… nada más lejos de la realidad.

No conseguimos averiguar si en este sitio vive algún checo, ya que no vimos ninguno por la calle. Parecía como si hubieran cogido a todos los gitanos checos y los hubieran metido en este pueblo, a modo de ghetto. Encontramos numerosos barrios de chabolas y edificios abandonados y destruidos, calles echadas abajo y suciedad y basuras por todas partes: en calles, parques y prados.

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Nota: la imagen no se ve muy bien porque con la poca luz que había era imposible sacar una buena foto. Pero se intuye, que es lo importante.

Conseguimos andar hasta un lago a unos 6 km del pueblo donde, con el permiso de una familia que suponemos, estaba veraneando allí, acampamos y pasamos la noche. Por la mañana, después de haber dormido regular (se nos pinchó el colchooooón! Noooo!) nos pegamos un bañito y emprendimos camino a las Merkelands.

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Como ya terminamos de hablar de este país, debemos comentar un par de cosas:

El transporte en el país

Excelente: barato y confortable. Viajamos cerca de 400 km en autobús y no pagamos más de 15 € al cambio entre los dos. Pero lo mejor no es el precio tan barato, si no el trato: resulta que una vez hubo una sola compañía que poseía el monopolio del transporte público en este país (como en España nuestra querida Renfe), pero el Estado dejó de permitir esta situación y un buen puñado de empresas comenzaron a acceder al mercado. Esta gran variedad de compañías permite un rango muy amplio de precios y además, compiten entre ellas para dar el mejor servicio. Así que viajamos durante cuatro horas en un autobús súper espacioso, con wifi, (aire acondicionado, por supuesto), una tablet para cada uno y películas, series, café y todas las comodidades que podáis imaginar por dos duros.

De nuevo el metro y los tranvías de las grandes ciudades no estaban controlados y pudimos movernos llibremente por la ciudad sin tener que caminar de vuelta. No obstante, vimos algún que otro revisor; pero nadie pagaba nada así que sin preocupaciones.

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La gran diferencia entre la República Checa y Eslovaquia

Desconocemos la historia en profundidad de estas dos regiones, pero por lo poco que sabemos de ambas, la diferencia entre estos dos países constituyó una de las sorpresas más grandes del viaje. No sólo a nivel arquitectónico o paisajístico, sino también a nivel cultural. Es muy extraño, ya no sólo por la proximidad de estas dos tierras (que también), si no porque durante casi 100 años han sido Checoslovaquia: hermanas, bajo la misma bandera. Por otra parte, ahora podemos entender por qué se separaron en 1992 y por qué lo hicieron tan pacíficamente: es que no tienen nada que ver.

Y aquí se acaba nuestra aventura en terrenos checos. Nos vemos en Alemania!

Category: Viajar
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