ser marplantese

Es el mar. Es el mar que se vuelve espejo, que dispara rayos invisibles a esta tierra, a estas calles, a este aire. Se respira mar. Así vivimos. Es innegable que nos modifica, que se introduce en el ADN, y convierte los cromosomas en olas. Es el mar la primera virtud de nuestra identidad. Es el mar que nos envuelve y nos cura, nos hipnotiza y nos drena. Sabemos que está allí, a metros. Sabemos que está disponible cuando lo necesitamos. Nos sentamos, lo miramos. Nos sumergimos, lo alabamos. Es terapia, es meditación, es deporte. Es una bocanada de energía. ¡Purificación! ¿Cómo no sentirse distinto? ¿Cómo no sentirse privilegiado? El mar es nuestro alimento, y allí cantamos. ¿Cómo no sonreír? Si vivimos en La Feliz…Marpla querida, siempre te pensamos  amada mar del plata. No se está nunca demasiado lejos. Siempre se vuelve. Y cuando uno viaja, siempre se encuentra a otro marplatense volador. Uno lo ve de lejos y lo reconoce. Uno lo saluda, porque siempre se saluda y se abraza. El marplatense camina. Camina la costa entera, la arena y la orilla. Y cuando la cruza entera, avanza un poco más y la curiosidad lo atrapa y lo obliga a seguir caminando. Siempre se anda en busca de más océanos, de más playas, de olas para surfear o de bahías para flotar. Pero se vuelve. Porque uno ama la gente, los colores, la bicicleta, el barrio, la cerveza, las olas, y la luna plateada que nos visita de forma especial.

Category: Viajar
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