SOS estamos en un aeropuerto de playmóvil!!

Menudo miedito… Hemos dejado atrás la idílica Koh Maak y ya empieza la pesadilla. Pesadilla relativa, claro. Resulta que el avión que cogeremos de la provincia de Trat a Bangkok, sale desde un aeródromo o aeropuerto de juguete, como queráis llamarlo. No solamente porque es sencillo, sino porque si pones los muñecos de playmovil, de Pinipon, o cualquier Action Man, quedarían perfectamente en el lugar…

No acostumbro a escribir al mediodía sino que espero a que pase toda la jornada para explicaros qué hemos hecho. Cuando suelo actualizar, sobre las 17 horas en España, es porque aquí son las 23 y estamos a punto de ir a dormir o de dejar el hotel para hacer algo. Bien, hoy hago una excepción porque nuestro vuelo sale sobre las 18 horas y hemos llegado a esta versión ‘chikipark’ de aeropuerto a las 14.30 y claro, el aburrimiento inspira.

El día, hasta el momento, no ha ido mal. El último rato en el resort lo hemos invertido en el desayuno -Buena noticia, el gran grupo de chinos que había invadido el lugar ya se ha marchado así que al menos este rato lo hemos tenido tranquilo- y darnos un baño en la piscina. Se me ha hecho raro desayunar sin la deliciosa compañía de mediocentenar de chinos escandalosos. Su doloroso y triste espacio en mi alma lo han intentado llenar un grupo de adolescentes japoneses que llegaron ayer y que, al igual que los adolescentes españoles, dedican sus sobremesas a cotorrear y hacerse fotos con morritos y miradas a mitad de camino entre retrasadas e idiotas.

El grupo, de una docena de individuos, debían ser de algún colegio privado -en una mesa a parte había los adultos que los supervisaban- y se dedicaban a hablar entre ellos -imagino que por exigencias del guión- en inglés. La misma escena, con fotos incluidas, ya la vivimos ayer durante la cena. Pero en el fondo son soportables.

Sobre el hotel os diré que el personal es bastante peculiar. El que ‘pincha y corta’ es un meapilas al que hoy, para ser políticamente correcto, deberíamos llamar ‘un jove refinat i que es cuida’ aunque tiempo atrás lo describiríamos como ‘un puto colom coix que perd oli’, cuyo nivel de inglés es el mismo que tenía yo en primaria. Los colores y poco más. Y cuyo tono de voz es decreciente, por lo que se le oye al empezar a hablar pero poco a poco se va apagando.

Su amigo ‘El coleta’, ya es el ‘number one’. Es el que lleva el restaurante/bar y la terraza del desayuno. No es que no sepa inglés, es que tu le preguntas o le dices cualquier cosa y su respuesta es ‘OK’. Luego, evidentemente, hace lo que le sale del forro de los cordones. He escrito cordones, no seáis malpensados. Nos lo hizo ayer con la cena cuando pedimos sin picante y no había quién se lo comiera. O cuando le pedimos “¿Los rollitos de primavera pueden ser sin gamba, con pollo o cerdo?”. Él dijo ‘OK’ y le sugerí a Clara que le preguntara si lo había entendido y él contestó “claro, queréis una ración de rollitos con gambas”.

Pero en el fondo no son mala gente. Tienen sus cosas. El recepcionista, ‘el guapo’, se pasea por todo el hotel con un perro de esos cuya rabia le tienes es directamente proporcional a las ganas que te entran de pegarle una patada y mandarlo lejos. Y el lugar en si es chulo. Tiene una playa privada que durante el día apenas tiene agua por caprichos de la marea y por la noche se recupera, además de un muelle larguísimo, árboles dentro del agua, y un barco encallado en la arena, de fácil acceso, y que le da al escenario un aspecto melancólico brutal. La piscina es una pasada, con las vistas al mar.

Tras despedirnos y coger un taxi hacia el muelle, ‘el guapo’ se ha subido con nosotros, llevando evidentemente a su fiera, y nos ha acompañado imaginamos que para ‘pescar’ nuevos clientes recién llegados. Para el hotel, digo, no para sus perversas prácticas jejeje.

Mientras esperábamos, hemos aprovechado para escribir y enviar las postales correspondientes -lo sé, ya tocaba- mientras nos tomábamos unos batidos de coco y de fresa a la orilla de la playa viendo desfilar barcas y más barcas.

La barca muy bien, nos ha llevado en 45 minutos y por 450 baths cada uno a Trat, evitándonos hacer trasbordo en Koh Chang, la isla fea de los primeros días de regreso a Tailandia. Como el agua estaba bastante plana hemos ido rapidito. Luego hemos cogido un taxista que nos ha llevado hasta el Aeropuerto sospechosamente radiante de felicidad por 500 baths. Imaginamos que esta batalla del timo la hemos perdido pero bueno… Somos los primeros en la cola de embarque jajaja.

Y aquí estamos, intentando fotografiar lo suficientemente bien la instalación -misión de Clara- para que os hagáis una idea. La cafetería, cuando hemos llegado, estaba cerrada, pero el menú que te ofrecen va desde unos espaguetis congelados de Súper que te cocinan con microondas, hasta unas pringles, pasando por cacahuetes, chocolatinas y galletas. Creemos que las Pringles de aquí te dan superpoderes porque el ‘menú’ que nos hemos tomado ha sido dos potes de patatas grandes, de los normales, una Coca Cola Zero y una Fanta de Fresa y nos ha costado 510 baths. Es por eso que hemos bautizado el aeropuerto de Trat como ‘El aeropuerto de los 1000 baths’. Y también porque es tan poca cosa que estamos convencidos de que por otros 1000 baths (unos 25 euros) nos lo venden, como si fuera el Monopoly. Y sin pasar por la casilla de la cárcel.

Espero que se vea claro que el edificio como tal no existe, no tiene paredes, solamente columnas, y que los autobuses que nos llevarán al avión de plástico que imagino que nos vendrá a buscar también son los que empleaban los hijos de los dinosaurios para jugar.

Pero al mal tiempo buena cara. Esta noches, si todo va bien, dormiremos en Koh Samui, desde donde mañana a primera hora tomaremos un barco hacia Koh Tao, la que será nuestra última base de operaciones durante las tres próximas noches. Sin más…

Besetes!

Category: Viajar
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