Venecia: una ciudad en el agua

“Algunos sostienen que la palabra Venetia significa Veni Etiam, o sea, vuelve otra vez, y otra vez, porque por muchas veces que vengas, siempre verás nuevas cosas, y nuevas bellezas.” (Jacopo D’Antonio Sansovino)
Es verdad. Yo me di cuenta que estoy condenada a venir cada 10 años. Y cada vez que he vuelto, me emociono. Me dejo llevar por las labirínticas callejuelas, pasando puentes de piedra, madera, acero y cristal (como la firmada por Santiago Calatrava), me quedo abrumada por cada ventana, por cada palacete, por cada detalle inclinado, lánguido, debido al lento hundimiento de la ciudad, por cada rincón melancólico que descubres o redescubres. “Un realista, en Venecia, se convertiría en un romántico por simple fidelidad a lo que veía ante él.” (Artur Symons). Es realmente verdad. El patchwork de edificios de estilo véneto-bizantino – del cual es paradigma la Basílica de San Marcos, similar a la Santa Sofía de Estambul -, de estilo gótico veneciano – representado por el Palacio Ducal -, de estilos renacentista, barroco y neoclásico confieren un aire de cuento de hadas a Venecia, la “ciudad de los canales”, la “Serenísima”, la “Reina del Adriático”, la “Ciudad de la Laguna”.
Su centro histórico es patrimonio de la Humanidad por la Unesco.  La ciudad está construida sobre 118 islas (solo al Puente de Rialto está construido sobre 12 mil estacas), comunicadas por 446 puentes -o 455 si contamos con las de Murano y Burano. Con sus 150 canales es una ciudad peatonal, y el único transporte meramente posible es fluvial, con sus vaporettos, góndolas y barcos taxis.

   
  

De esta vez he vuelto motivada por mi hermana que nos regaló a toda la familia un vuelo a Venecia. Hemos aprovechado para celebrar su cumple, y además Carnaval, así que tocó ver la ciudad bajo otra perspectiva y con una sorprendente y colorida afluencia de gente, aunque gente hay siempre en Venecia: 260.000 son residentes, los demás serían turistas.

   

   

El Carnaval de Venecia empezó en el siglo XIII: los nobles se disfrazaban para salir a la calle y mezclarse con el pueblo. Su máximo esplendor fue el siglo XVIII, aristócratas de toda Europa acudían a él. Prohibido por Napoleón por miedo a que encerrasen conspirsciones, volvió a brillar en 1979 convirtiéndose en uno de los más conocidos del mundo. Proliferan las máscaras por todos los lados, la gente disfrazada a rigor tanto local como turistas. Pero sospecho que la verdaderas fiestas se cuecen en privado, en las fiestas  ocultas y exclusivas en los sendos palacetes de la ciudad.

No nos vestimos a rigor ni fuimos a ninguna de estas fiestas pero nos dedicamos a apreciar la atmósfera festiva en la calle y a callejear y a revisitar el Gran Canal en vaporetto, Plaza de San Marcos, Palacio Ducal y Puente de los Suspiros, el Puente de Rialto, el mítico Caffe Florian. Y a probar nuevos gastro places, thanks to mi hermana, MissPipa. 

Para comer en San Marco escapando del caos hemos ido a la cafetería-restaurante de la Bienal de Venecia, L’ombra del Leone. Al lado de la plaza San Marco, pero  escondido en el palacio de la Bienal, con terraza y vistas al Gran Canal. 

 

 

Podéis dar una escapada al Museo Guggenheim, cerquita, la colección de Peggy Guggenheim, una de las más importantes de Europa de arte europeo y americano de la primera mitad del siglo XX.

Allora, recomendamos para el aperitivo uno de los tres La Patatina,  Ai rusteghi en San Marco y la Bottiglia en San Polo.

 

Después del prosecco o de Spritz, y para cenar la Osteria Zucca en Santa Croce,  

 

la Osteria Rioba en Cannaregio, la Osteria Trefanti en Santa Croce y la Osteria alle Testiere entre San Marco y Rialto, que infelizmente no pudimos probar porque estaba reservadisimo pero tiene muy buena pinta.

Hay gente que hace la excursión de un día a las islas de Murano y Burano.

Nosotros hemos optado por quedarnos a dormir en Murano en el hotel Lagare, una antigua fábrica de vidrios artesanales convertido en hotel.

 

Debido a ser una industria pujante en Venecia, pero no exenta de peligrosidad por el uso del fuego, se ha transferido a esta isla que se ha nombrado “fábrica flotante”. La “fábrica flotante” sigue en activo, y se pueden visitar las fábricas y ver en directo su proceso de producción artesanal mediante el soplado.

 

Un otro viaje de vaporetto y nos acercamos a Burano, un idílico arco iris arquitectónico. Dice la leyenda que los pescadores pintaban sus casas de colores diferentes para poder llegar hasta ellas en los días de niebla.

  
De vuelta a Venecia, observo la gente con trajes del pasado, y pienso que todavía me quedó mucho por explorar.

Volveré otra vez. Lo sé. Veni Etiam.

   

Category: Viajar
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