Ver canguros en Sydney

Hace ya cinco semanas que llegué a Sydney (really?? ¿5 semanas ya?). Y ya he cumplido uno de los tópicos que hay que tachar cuando se viene a Australia: ¡ver canguros!

Fue una de las primeras cosas que Guille y yo hicimos cuando llegamos. No queríamos ir a verlos a un zoo, así que buscando por Internet vimos que en muchos sitios hablaban de Morisset, un pequeño pueblo a 114 km de Sydney. ¡Y allá que nos fuimos!

Para llegar:

  • Desde la city, coge el tren en Central Station dirección Newcastle. Recuerda que si viajas en domingo, el trayecto sólo te costará $ 2.50 en total. Eso sí, tendrás el inconveniente de que habrá mucha más gente.
  • El camino en tren dura unas dos horas. Si puedes, siéntate en ventanilla, porque los paisajes que vas a ver son preciosos.
  • Bájate en Morisset, sal de la estación y dirígete hacia la derecha, hacia las afueras del pueblo. Cruza el puente y vuelve a girar hacia la derecha, siguiendo las indicaciones del hospital psiquiátrico. Camina durante unos tres cuartos de hora siguiendo la carretera.

¡Muchos kangaroos!

Poco antes de llegar (y cuando ya empezábamos a pensar que nos habíamos equivocado de camino), ¡vimos el primero! Yo, que iba con un poco de indiferencia, de repente me volví una fan incondicional y crazy lover de los canguros.

Cuando llegamos a los parques del hospital, nos sorprendimos de ver tantísimos. En seguida, unos cuantos saltaron hacia nosotros para darnos la bienvenida. “Eiihh..dónde vais tan veloces hacia mí??”. Sí, al principio me daban un poquillo de respeto y guardaba con ellos las distancias. Pero a los pocos minutos me di cuenta de que estaban muy acostumbrados a estar entre humanos y me lancé a acariciarlos (siempre con precaución). Y así se pasaron las horas. Yendo de canguro a canguro. Ahí estaban, a sus anchas, tumbados al sol, entre los visitantes. Lo que más me maravilló fue ver a los canguritos asomarse por la bolsa de las mamás.

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Dar de comer a los canguros

Habíamos leído en blogs que a los canguros les encanta el pan de molde, así que nos habíamos hecho con dos bolsas (ni más ni menos) para poder hacernos fotos tranquilamente con ellos mientras les dábamos de comer. Sin embargo, justo cuando le estaba dando la primera rebanada a una mamá canguro, un voluntario se acercó y nos explicó a todos los nuevos visitantes que no debíamos darles de comer. Al día somos muchos los que visitamos el lugar y les llevamos comida, y los canguros comen y comen sin saber parar, por lo que se empachan y terminan enfermando. El voluntario repetía una y otra vez esto a todo el que llegaba nuevo, y nos pedía que, por favor, corriéramos la voz. Así que nos guardamos las dos bolsas de pan de molde en nuestra mochila, y utilizamos nuestros mayores encantos para encandilar a los canguros.

¡Y, con alguno, hicimos muy buenas migas!

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Así se nos pasaron las horas, hasta que nos entró mucho hambre y nos acercamos a unos merenderos que hay cerca de un lago (a unos 10 minutos andando del parque de los canguros), con baños y barbacoas. Nosotros no comimos de BBQ, nos tuvimos que conformar con un raquítico sándwich (¡otra cosa no, pero pan de molde teníamos para rato!).

Category: Viajar
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