Viajando por China: cómo sobrevivir a 24 horas en tren

Hay multitud de maneras de viajar por China: en avión, en tren, alquilando un coche e incluso en ferry. Para los partidarios del ahorro viajar en tren es nuestro amigo, aunque dentro de esta modalidad existen varios subtipos: el “AVE” chino (si hay conexión disponible), el vagón con camas (y sus dos variantes, “hard sleeper” y “soft sleeper”) y el clásico asiento en tren de velocidad normal. Mi primer viaje de cierta envergadura dentro de China ha sido el que he realizado a la provincia de Guangxi, el cual acabo de relatar en las entradas anteriores, y la modalidad elegida fue “hard sleeper”. La diferencia entre “hard sleeper” y “soft sleeper” es que en la que yo elegí los compartimentos están formados por seis camas y no hay puerta que te separe del pasillo común, y en “soft sleeper” los compartimentos se componen de 4 camas y hay una puerta que te separa del pasillo.

“Hard sleeper”.

“Soft sleeper” (las fotos no son mías).

El motivo por el que elegí “hard sleeper” es por, dentro de cierta lógica (no iba a ir sentado ni de coña 24 horas), intentar ahorrar lo máximo posible, ya que el viaje lo he hecho íntegramente con el dinero que he ahorrado en el tiempo que llevo trabajando aquí, y al haber solo trabajado 3 meses antes de las vacaciones de verano no podía hacer muchas florituras (aunque demasiado que he podido planear dos buenos viajes). Eso sí, mi próximo viaje de similares características lo haré mínimo en “soft sleeper”, seguramente en avión. Os paso a relatar los motivos por los que no volveré a pasar más de 12 horas en “hard sleeper” (a Beijing, donde viajo mañana, voy en la misma modalidad, pero son “solo” 12 horas y por la noche).

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Este sí soy yo.

Viajar en esta modalidad es una auténtica lotería; pueden tocarte compañeros de compartimentos jóvenes y educados, estudiantes en general, que no den mucho la lata y, además, un vagón más o menos tranquilo, que fue lo que me tocó en el viaje de ida. Eso, sumado a la ilusión que me hacía el viaje, hizo que este viaje no fuese demasiado aparatoso. El truco está en mentalizarte de que vas a pasar un día en el tren, y tomártelo no como un viaje, sino como un lugar en el que pasarás un largo tiempo y en el que tienes multitud de opciones: ir a comer al vagón restaurante, leer, escuchar música, escribir algo, intentar hablar con alguien… Y dormir, por la noche y la siesta correspondiente si es posible.

Los chinos por lo general no son muy amigos de comer en el vagón restaurante, así que por lo general verás que llevan bolsas con multitud de comida dentro, siendo los protagonistas los míticos paquetes de fideos chinos.

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Fijaos en el último de la fila… Mi hermano dice que puedes saber el destino de un pasajero según el número de paquetes de fideos.

Como he dicho, el viaje de ida se pasó bien, pero en el de vuelta, mezclado con la pena que me daba que se acabara, me topé de lleno con esos pequeños detalles de la cultura china que pueden hacer que pierdas los estribos. Para empezar en la cama de enfrente me tocó como compañero un señor de cierta edad que como bienvenida me deleitó con el mejor de sus escupitajos (eso sí, tuvo la cortesía de echarlo en el baño). Al poco rato sacó una botella de vino chino, conocido como “baiju”, y empezó a bebérsela mientras degustaba sus fideos chinos (los sorbos al plato podían escucharse en todo el vagón, y yo tuve la suerte de disfrutar de una mejor sonoridad). Tocaba dormir, pero el hombre no estaba por la labor e intentaba contarme su vida como si me estuviera enterando de algo. Por si fuera poco, en el compartimento de al lado había unos jóvenes, no sé si estudiantes o no, pero no parecían muy educados, ya que quería que todo el vagón se enterara de que no tenían mucho sueño.

En medio de todo esto yo intentaba coger el sueño, y cuando parecía que lo había conseguido los compañeros de al lado que al lado no había menos que un extranjero… Era su día de suerte. Pasaba uno, luego el otro, comentaban entre ellos, hasta que uno me tocó en el pie sin importarle que yo estaba a mi bola escuchando música (sí, me puse los cascos porque no podía más). Me ofrecieron una cerveza (muy amables), pero les dije que no, aunque estuve a punto de decir “venga, qué más da si de todas formas no voy a poder dormir”. Al rato me preguntaron otra cosa que no llegué a entender, y cuando se olvidaron un poco de mí el ebrio compañero que tenía al lado empezó de nuevo a preguntarme cosas… Vaya panorama.

Si veis a alguien portando algo parecido a esto… Huid insensatos.

Afortunadamente, a eso de las 3 de la mañana el tren llegaba al destino de mi compañero, o al menos eso pude escucharle a la azafata. Para esa hora ya había conseguido coger el sueño, pero todo se truncó cuando mi compañero quería hacerme saber que se iba, y cogió mi pierna para moverla y despertarme (¿qué cojones?). Ahí ya no pude aguantar más y le solté una voz que decía “wo yao shui jiao!” (¡quiero dormir!). El hombre empezó a refunfuñar para sí mismo, aunque al menos me dejó tranquilo hasta que se bajó del tren, por lo que solo escuché algún escupitajo que otro.

Dormía, ya había cogido el sueño bien cogido… Pero a las 7 de la mañana la gente empezaba a desayunar. La elección de la mayoría del vagón fue lo que hiciera un ruido más desagradable, así que sí, lo que más se podía escuchar era a multitud de personas sorbiendo al unísono sus fideos, una melodía muy agradable para comenzar un nuevo día. El resto del día lo pasé leyendo y comiendo, y agradecido de que el número de escupitajos por minuto había decaído. Cuando estaba de vuelta en Xi’an no me lo podía creer; nunca antes había sentido tanto cariño por esta ciudad. Nada más bajar del tren pensé que para mi próximo gran viaje iba a tener más dinero ahorrado, por lo que me lo tomé como una especie de despedida. El día que vuelva al sur para visitar Hong Kong, Guangdong y toda esa zona, por ejemplo, tengo claro que el avión será mi elección.

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O en el “AVE” chino si es posible… Esto es una gozada, otra historia.

No quiero que esto sea tomado como una crítica a algunas costumbres chinas ni mucho menos, ya que, como diría aquel, “son sus costumbres y hay que respetarlas”, además de que a diario convivo con este tipo de cosas, pero no es lo mismo ver a alguien escupir de vez en cuando, o que a alguien de cuando en cuando le llames la atención y te pare por la calle, a que lo experimentes a lo “Gran Hermano” durante 24 horas. Al igual que dicen para ese programa, las emociones se magnifican.

En definitiva, si decides viajar en tren ten en cuenta todas las variantes posibles. Si quieres jugar a ser bohemio y aventurero como yo puedes tener la suerte de que no te toque un mal vagón, pero ya digo que es una lotería, y hay gente a la que le gusta jugar y gente a la que no, así que tu elección dependerá del tipo de persona que seas, además de tu economía, claro está. De todas formas he comentario que repetiré este tipo de vagón en mi viaje a Beijing, pero no es lo mismo un viaje de 12 horas y por la noche que pasar todo el día en el tren.

No sé cómo llevaría coger un tren en La India.

“Cuando la desgracia llega a su colmo, viene la felicidad.”

Category: Viajar
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