VIAJAR ES VIVIR

El trayecto Madrid-Zaragoza se pasa volando en el AVE y más si te pierdes en las nubes que asoman por la ventanilla cuando al de delante no le da por bajar la cortinilla. Por la hora me entra un poquito de sueño pero en mi cabeza escribo mentalmente este post, con mi propia voz y no con la de Najwa Nimri. Esta misma mañana, echando la mirada Cuesta Moyano abajo, recordaba que era viernes y que no tenía nada escrito para publicar. “No importa”, me he propuesto no hacer las cosas por hacer, aprisa y corriendo y, probablemente mal. Prefiero saborear cada instante. Como ese paseo del miércoles por el Barrio de las Letras, callejeando, conociendo y reconociendo, parando de vez en cuando para leer los textos a nuestros pies y pensando en cuánta verdad se esconde entre todas esas palabras. Descubriendo que en el Café Central esa misma noche actúa Andreas Prittwitz. “¿Te acuerdas de él? Claro, el de la banda de Víctor y Ana.” Y entramos, y ese café irlandés sabe distinto y dura lo que tiene que durar, 2 horitas de música en vivo en un ambiente íntimo, con suegras, turistas y amantes del jazz, y te vienen a la mente amigos con los que te hubiera gustado disfrutar ese momento y que, seguramente, cuando lean este post, se reconocerán.

El jueves es tiempo entre costuras. Encuentro ese Museo del Traje que la casualidad me invita a descubrir. Y gracias a Lucila salgo completamente enamorada. Es la comisaria de la exposición temporal Modamorfosis. Ha sacado de la vitrina para colgar del techo (con exquisito cuidado, eso sí) piezas absolutamente fascinantes y nos explica, con auténtica pasión, como la moda se retroalimenta siglo tras siglo. Desde esa mañana miro los escaparates de ropa de otra manera. Por la tarde primaveramos en un parque del Retiro, echando de menos un libro entre las manos pero escuchando el jugueteo y trino de los pájaros que nos hace reír como niños. Hacemos tiempo para asistir a la charla con la que presentan un nuevo libro recopilación de los mejores pensamientos de José Luis Sampedro y los que estamos en la sala nos volvemos a enamorar, un poquito identificados con ese querer acercarnos y escuchar todo lo que el viejo profesor y escritor nos dejó, tal y como cuenta Jordi Évole en su tímida intervención. Confiesa que no se explica cómo está allí. Yo tampoco lo sé, pero estoy.

Como esta misma mañana, cuando me mezclo con los niños de un colegio de primaria para dejarme interrogar por el Guernica en vivo y en directo porque, por muchas veces que hayas visto el cuadro en láminas y reproducciones, hasta que no estás por primera vez delante del mural, no eres totalmente consciente de lo que realmente significa y entiendes muchas cosas y te vuelves más pacifista y valoras más el arte y eres más tú y menos yo.

 

Category: Viajar
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