Viaje a Saskatoon (Canadá)

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Hace unos días volví de una larga estancia en Canadá. Sin duda el frío invernal de las últimas semanas por el que tan conocido es el país, no impidió el disfrute de la ciudad en la que me hallaba alojada. Ésta era una metrópolis diseñada con esmero para su exclusiva circulación en coche, dejando las calles vacías de viandantes. El hielo y la nieve alojados en las aceras, amenazaban con caídas inminentes y fulminantes al suelo. A pesar de las hermosas casas de estilo canadiense, muchas zonas de la ciudad no mostraban ningún atractivo. La falta de sol durante más de la mitad del año es un factor decisivo para la calidad de vida en Canadá. Las personas deben tomar vitamina D y otros suplementos alimenticios para combatir la falta de sol durante otoño, invierno e incluso parte de la primavera. Es como si el sol pudiera manejar emociones y estados de humor y de salud a su antojo.

Así descrito parece que la ciudad no tenga cualidades positivas, pero como todo, sí que tiene su encanto. Las zonas verdes aledañas al río, que salvaguardaban coyotes, ratoneros canadienses y varios tipos de ardillas, entre otras especies, no dejaban lugar a la desilusión a aquellas personas que saben apreciar la naturaleza. La educación y amabilidad de las personas canadienses y la enorme mezcla de culturas de distintos países, maravillan a cualquiera.

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Al volver a España, antes del aterrizaje, una ráfaga enorme de luz solar invadió la ventana del avión y cayó sobre mi rostro, cegándome durante algunos segundos. Después de semanas de cielos grises y apagados, nunca antes había disfrutado tanto del sol. Sabía que había vuelto a casa.

Category: Viajar
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