Viaje a Suiza (última parte) – la montaña rompepiernas, Berna y Einstein, el mejor amigo de Mateo

Hoy daré por concluida la descripción de nuestro viaje a Suiza porque la semana que viene los peques empiezan el cole y el lunes vamos a tener una invitada de excepción en el blog: le he propuesto a Adri que nos cuente su primer día de cole y ha aceptado. Esperemos que cuando llegue el momento de escribir quiera participar y no se le tuerza el carro (me encanta esta expresión, mi madre me la decía un montón :-)).

Ayer os conté el camino de los enanitos que tuvo lugar el miércoles. El jueves se nubló un poco pero no llovía así que volvimos a la montaña, esta vez a una muy cerquita de casa para subir a las cascadas de Siebenbrunnen ob der Lenk (toma ya!) donde un camino remonta la caída del agua hasta las cascadas. La cuesta empezó fuerte y en pocos metros el desnivel era tremendo. El coro de protestas empezó en el minuto -1, no habíamos dado ni dos pasos cuando ya se escuchaban resoplidos, varios “mamá cuando llegamos”, “ojalá no existiera la montaña”, “vaya mierda”, “no puedo más”, “pero, ¿cuánto falta?” y todo eso sin haber llegado a la primera parada en la que se veía un salto de agua precioso. La verdad es que la cuestecita se las traía y hasta Jaime iba asfixiado con Mateo a la espalda. Nos costó mucho llegar, a pesar de que la subida no duraba más de una hora, y tuvimos que parar a la mitad para coger fuerzas. Una vez arriba el esfuerzo valió la pena porque el paisaje era maravilloso, una explanada tapizada de verde hierba bajo las cascadas que caían de una imponente montaña. Comimos allí y los niños aprovecharon para tirar piedras al rio, cruzarlo por los sitios más inverosímiles sin tocar el agua, coger flores, huir de los perros (los hay por todas partes)…

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Después comenzamos el descenso y ahí sí que notamos el dolor en las piernas. Bajar sin bastones con un niño en cada mano que va saltando con movimientos aleatorios como si fuera un muelle es cansadísimo, de verdad. En la primera cuesta, además, el pobre Gabi se cayó de bruces, enterito, y se hizo un montón de daño en las rodillas, pobrecito, siempre le pasa todo a él. Menos mal que ya están hechos a todo y bajaron mejor de lo esperado. Además, abajo había un restaurante con un parque muy chulo con cabritas, columpios de madera, un trampolín y un arenero al que ya le habían echado el ojo al subir y eso les motivaba un montón, el parque y el helado de premio que les habíamos prometido, claro.

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El viernes nos fuimos a visitar Berna. Sabíamos que había una exposición de Einstein en el museo de la cuidad y Jaime y yo teníamos muchas ganas de verla. Entramos para comprar las entradas y al pedirlas la señora nos mira por encima de sus gafas con gesto serio. “Hay una exposición en la planta baja de caballeros con espadas, lanzas, cascos… a los niños les va a gustar.” Nosotros insistimos muy serios con cara de no hace falta caballeros, nosotros vamos a ver a Einstein, lo tenemos todo bajo control. La señora vuelve a mirarnos por encima de las gafas y mira también a los niños, se encoge de hombros y nos da las entradas. Subimos las escaleras con muchas ganas, por fin un museo interesante, además Jaime y yo somos superfans de Einstein.

Empieza la exposición, hay varias pantallas que cuentan datos curiosos sobre él como que le gustaba mucho navegar aunque no sabía nadar y lo hacía sin chaleco salvavi… se me pierde Mateo. Lo busco a mi alrededor y no está. Me meto en la sala siguiente. Le pillo subido a un muro. Lo cojo y vuelo a la primera sala. Hay varias portadas de la revista Time en la que sale junto a Charles Chaplin o… Mateo se quiere bajar de mis brazos. Pasamos a la siguiente sala donde cuentan sus orígenes judíos y como él y su hermana no eran practicantes. Hay un bonito mantel bordado por su madre. Mateo se sube a otro murete que proteje un cuadro y balancea peligrosamente un atril informativo. Freno el atril y cojo a Mateo. Le intento enseñar algunos de los juguetes de Einstein que están allí expuestos. No le interesan lo más mínimo, donde esté la wii que se quiten estas porquerías. Le cuento que a Einstein le ensimismaban los juegos de construcciones. Se me escapa corriendo a la sala siguiente. Nos hemos saltado de golpe toda su infancia y resulta que sus padres se han ido a Italia. Mateo parece tranquilo. Aprovecho para leer. Einstein se queda en Munich para intentar terminar el Gymnasium pero se marcha con su familia antes de acabarlo. Escucho jaelo y veo que Mateo se dedica a pellizcar el culo a Gabi. Éste se parte de risa y comienzan un pilla-pilla. Cayetano, que también está aburrido como una ostra, se une a la juerga. Ya no sé dónde está Einstein. Intento seguir leyendo pero me doy por vencida y pasamos a la siguiente fase. Me salto de golpe todos sus estudios, en el fondo, ¿a quién le importa? Veo de reojo que en esa etapa conoce a su novia Mileva, la única mujer matriculada en la escuela. Se lo digo a Adri que me mira con cara de qué me estás contando, mamá? “Es la única mujer, Adri!” Insisto.  “Y a quién le importa? Este museo es un rollo, no entiendo nada!” Protesta. Me alejo cabizbaja. Descubro que tienen una hija en secreto antes de casarse y que Mileva la deja con sus padres en su Hungría natal y Einstein no llega a conocerla nunca. Qué fuerte, no tenía ni idea!! Mateo me tira de la camiseta porque lo he cogido en brazos y quiere bajarse. Me deja medio en bolas de las fuerzas que hace. Lo dejo en el suelo. Intento recomponerme y seguir leyendo. Se me ha escapado y ya está en la sala siguiente que está llena de cosas antiguas. El vigilante de la sala se pone en pie de un salto nada más verle. En el centro hay un montón de objetos antiguos incluyendo un váter de flores azules. “Mamá, pis!” y va derechito al váter. Lo sujeto en el último momento. Al vigilante por poco le da un infarto. Deshago todo el camino que ya hemos hecho y voy a la entrada, donde están los baños. Estoy completamente exhausta y me queda la mitad de la vida de Einstein. Me acuerdo de la señora de las entradas y trato de aparentar que todo está en orden. Volvemos a la sala del váter. Mateo descubre unos asientitos de madera donde proyectan unos dibujos que explican la teoría de la relatividad. Se queda quieto, milagro! Me alejo un poco y empiezo a leer algo sobre la teoría. De reojo vigilo a Mateo y veo que se lanza sobre el móvil que un señor que está sentado a su lado ha dejado sobre el banco. De un salto salvo el móvil de una caída libre. El hombre me mira con cara de “qué c…ño haces con mi móvil?” Se lo devuelvo muerta de vergüenza y cojo a Mateo en brazos. Se quiere bajar y me retuerce el cuello de la camiseta de forma que se me ve hasta el ombligo. Lo bajo. Paso de la teoría de la relatividad, aún me queda el Nobel y Pricenton. Jaime me mira con cara de desesperación pues él también está intentando que Mateo se esté quieto y ninguno de los dos lo conseguimos. Nos acordamos de las lanzas y de los caballeros. Pasamos a los años 20. Mateo se lanza sobre unos cascos de guerra, menos mal que están detrás de un cristal. Descubre un pequeño cine antiguo en el que proyectan una peli. Todos en tromba se meten dentro. Jaime y yo nos miramos con cara de “será verdad?” Nos ponemos a leer cómo Einstein se hace famoso y todo el mundo habla de él. Se escuchan unos porrazos tremenos desde el cine. No nos atrevemos a mirar. Seguimos leyendo sobre el conflicto que se produjo cuando le concedieron el premio Nobel pues él no fue a recogerlo y como era alemán pero tenía nacionalidad suiza ambos países querían recogerlo en su nombre. Los golpes en el cine son atronadores. Decido ir. Mateo se dedica a cerrar de golpe todos los asientos de precioso terciopelo antiguo y pasa totalmente de la peli de Greta Garbo. Me los llevo de allí. Al torcer la esquina entramos en Pricenton y hay una tele con dibujos de Tom y Jerry. Le digo con mucho entusiasmo que se ponga a verlos y se me escapa. Se lo digo a Gabi y cuando me doy cuenta Mateo está a punto de subirse en el sofá que Einstein tenía en su despacho. Lo bajo. Intento enterarme de algo pero Mateo parece poseído y no hace más que revolverse. Quiere volver al cine a aporrear los asientos. Me doy por vencida lo saco de allí. Deshago el camino y me voy al recibidor gigante que hay justo a la entrada. Intento calmarme no vaya a subir la señora de las entradas y me pille en este estado de exaltación. Al fin salen todos. Decidimos darnos un paseo por la ciudad para airearnos un poco. Intento relajar los hombros.

Llegamos a una de las calles principales de Berna. La ciudad es muy bonita y tiene muchos soportales, lo que nos viene muy bien porque está empezando a chispear. En esa calle vemos la casa donde vivió Einstein. Decidimos entrar, por si no teníamos poco con el museo ahora vamos a ver la casa, desde luego tenemos una moral… Subimos las escaleras de caracol que tienen más pendiente que la montaña rompepiernas. Llegamos sin aliento al piso de arriba. Vemos que la señora que vende los tickets lo hace en la mesa de Einstein de la oficina de patentes. Cayetano me mira con ojos como platos, “mamá, la va a romper!”. Visitamos el pequeño saloncito donde guardan algunos de los muebles. Subimos al piso de arriba donde hay unos carteles con la vida de Einstein que, por supuesto, no intento leer, y una salita con una peli que narra su vida. Mateo se mete derecho. Se sienta en una silla y se queda quieto. Yo me siento a su lado. Saboreo el momento de paz. Entra Gabi y se sienta sobre mis piernas. Le acaricio la cabecita rubia, ojalá duraramos así mucho rato. “Meine mama!” grita en ese instante Mateo empujando a Gabi para que se quite de encima. Suenan varios shhhh. Gabi protesta y empuja a Mateo para que le deje en paz. Mateo vuelve a gritar y se abalanza sobre él. Otros shhhh. Intento separarlos para poder levantarme e irme pero no soy capaz de deshacer el enrededo, socorro!! Levanto en volandas a Gabi y lo saco fuera. En ese momento llega Jaime con los dos mayores. Se meten todos dentro, otra vez. Mateo se sienta con sus hermanos en primera fila. Yo me quedo en la puerta, vigilando. Parece que todo está tranquilo. Mateo se levanta y se vuelve a sentar. Se levanta y se vuelve a sentar. Se levanta y se va a otra silla al otro lado del cine. Se sienta. Se levanta. Shhhhh. Se abalanza sobre la pantalla e intenta tirar de la cuerda. Hago los 100m lisos en tiempo record y evito que se enrolle. Me lo llevo de allí. Protesta porque quiere quedarse. Shhhh.

Lo entretengo en las escaleras de caracol subiendo y bajando. Agotada ya no puedo más y decido llevármelo a la calle a ver escaparates, eso me pasa por intentar ser culta, si me hubiera dedicado a ver zapatos no habría pasado por ese calvario…

Y este ha sido, a grandes rasgos, nuestro viaje a Suiza. No hemos hecho nada que no haga todo el mundo cuando va a Interlaken pero ha sido muy divertido y hemos disfrutado mucho, sobre todo de estar juntos!

Category: Viajar
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