Visita a Bled y cuenta atrás para volver

¡Hola a todos!

Ayer fue 15 de agosto y justo dentro de un mes estaré de vuelta en España. Vuelo a Madrid el 15 de septiembre. Y de repente me han invadido un montón de sensaciones extrañas. Esto se acaba y he de decir que estos nueve meses se me han pasado volando. Casi ni me he enterado.

No sé explicaros muy bien cómo me siento. Tengo sentimientos encontrados. Por un lado tengo ganas de volver y ver qué pasará en España, que nueva aventura me depara la vida. Y por otro me da mucha pena marcharme. De verdad que no podéis imaginar, ni creo que sería capaz de explicar, cómo me ha marcado esta experiencia.

He vivido todo muy intensamente, las alegrías y las penas. He descubierto cosas de mí que no sabía que existían. Eslovenia ha sido también ese lugar en el que he hecho algunas cosas por primera vez. Algunas no se pueden contar… 😉 Otras sí. Y hablo, por ejemplo, de viajar sola. Lo hice ayer para conocer Bled, la joya eslovena. Uno de los sitios más turísticos del país, o el que más. Y no me defraudó.

Algunos amigos me habían comentado que lo de viajar solo estaba bien, pero yo siempre he creído que me aburriría. El caso es que nada de eso. ¡Es toda una maravilla! Y ya adelanto que volveré a hacerlo. Seguramente para visitar otro de los imperdibles de Eslovenia, Bohinj. Y, por supuesto, también lo haré en España cuando llegue, porque hay muchos rincones de nuestro país que no conozco. ¡Y eso no puede ser!

Siguiendo con el viaje de ayer; salí de Krško a las 7.20 de la mañana para ir a Ljubljana. Desde allí cogí luego el autobús a Bled. Se tarda en llegar una hora y veinte porque va haciendo paradas en diferentes pueblos, aunque en realidad el trayecto no se hace nada pesado. La estación de autobuses de Bled está muy cerca del lago (unos 200 metros).

Y una vez allí puedes darte un buen chapuzón -aunque el agua estaba demasiado fría para mi gusto-, visitar la Iglesia de Santa María -situada en la isla que hay en medio del lago-, subir al castillo y dar la vuelta al lago a pie -como hice yo- o en carroza. Esta última opción es para los más vagos… Son solo unos siete kilómetros (ver ruta) y se hacen con mucha facilidad.

En fin, un sitio precioso, que ofrece también variadas actividades deportivas, y que no os podéis perder si venís a Eslovenia. Aquí os dejo un pequeño vídeo con algunas de las imágenes que grabé.

Espero que os guste y… ¡hasta la próxima!

Category: Viajar
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