Yo, babysitter.

Es bien sabido que detrás de lo idílico de este trabajo, se esconde una profunda verdad: llegará el día en el que trabajes de niñera. Y de gratis. Y digo de gratis porque llegará esa noche en la que te apetezca salir y tus host parents, con las mismas ganas que tú, te pidan que te quedes en casa…haciendo babysitting. Esto no es otra cosa que ver la tele y no hacer nada mientras los niños duermen. Pues bien, en el caso de mi familia, ya venía avisada de que al menos dos noches al mes tendría que hacerlo…y por suerte o por desgracia, esta semana me toca por partida doble.

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En el caso de que tengas que hacerlo para tu familia no te pagan esas horas extras, por tanto no es tan emocionante como cuando me llama alguna amiga o hermana de mi host mum y me pide que me vaya un rato a su casa pagándome unas diez libras la hora. Lo hago con tanto, tantísimo gusto…

Como decía esta semana me toca pringar durante dos noches, y ya he superado la primera. Esta vez fue un poco más complicada porque tenía que acostar a M y a Z, lavarles los dientes, bañarlos…tareas que nunca tengo que hacer y que de hecho ayer fue la primera vez que iba a intentar. Tras irse los padres y yo santiguarme unas veinte veces , me dispuse a poner en práctica todo aquello que he ido observando a lo largo de estas semanas. Y perdonad que os diga, pero no me fue nada mal.

Para empezar Z se portó como un campeón, entrando en la bañera y saliendo sin liadas de ningún tipo como las que le monta a su madre, y M en su línea…tan bueno como siempre. Les cepillé los dientes, les puse los pijamas…y respiré hondo porque entonces era el momento que tanto había estado esperando.

Tenía que contar mi primer cuento en inglés.

M y Z tienen la costumbre de escuchar historias antes de dormir, y para ello escogen algún libro de los miles que tienen en su habitación. Yo temblaba sólo de pensar en el ridículo que iba a hacer, no por nada, sino porque los cuentos infantiles aquí utilizan palabras que muchos de nosotros no somos capaces de entender. Pues bien, hice gala de toda la gracia que suelo tener contando cuentos en español, poniendo una voz a cada personaje, muy profesional yo…y acabé leyendo cinco cuentos. Una hora leyendo sin parar. Mi cerebro y mi lengua ya no se ponían de acuerdo y de vez en cuando M me corregía alguna palabra que no pronunciaba del todo bien (aprendo más con ellos que con los adultos).

Sobre las ocho y media, que aquí es considerado tardísimo, los niños terminaron durmiéndose y yo me tiré en el sofá a ver cómo una chica hacía el ridículo en X Factor. Había sido un día muy muy largo…pero finalmente había acabado.

Tengo que ser franca…es curioso como el día pasa y no me doy cuenta de todo lo que hago. Por las mañanas voy a trabajar  (cosa de la que ya hablaré más adelante), vuelvo, recojo a los niños, estoy con ellos, hago deporte, leo prensa, hago turismo, vuelvo a leer…Y cuando llegan las nueve de la noche no soy persona. No me siento como si estuviera trabajando, para mí es un gusto hacer lo que hago y me siento afortunada por todo lo que esta experiencia me está dejando vivir y disfrutar. Pero cuando subo cada noche a mi cuarto es cuando me doy cuenta de lo agotada que estoy.

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Aún así no paro (gracias Señor por haberme hecho inmune a las ojeras), no lo hacía en España y  no lo hago aquí. Despertarme cada mañana con una sonrisa ya es una costumbre, y creo que eso hace que mi vida se haya asentado en esta casa, este barrio, esta ciudad…sin contratiempos. Así soy yo y así es mi vida, que se adapta y encaja según convenga. Creo que ahí está el secreto para abrir la mente y conocer mundo…en no permitir que un solo “molde” te limite.

Mañana es viernes y tengo algunos planes en mente. Por lo pronto dormirme antes de que los zorros se pongan a gritar, porque entonces estoy perdida.

Bye!

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Category: Viajar
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